#AlpiedelaCruz – 1: Está aquí.

Jesús.

¡Cuánta historia, pasión, conversación, vida, crítica, esperanza, fe encierra este nombre! Aún muchos no creen en Él pero se deben regir a marcar los tiempos a partir de su llegada al mundo.

Quiero que regresemos en esta ocasión, a un pasaje trascendental en la vida de Jesús que cuentan los evangelios: La entrada triunfal a Jerusalén.

Durante casi tres años del ministerio público de Jesús, la gente había escuchado hablar de Él, otros habían estado presentes en sus sermones, en el momento en que realizaba milagros, unos pocos le seguían como discípulos y seguidores de Su Verdad. Jesús no pasaba desapercibido en la región. Y cuando el pueblo de Israel supo que Jesús se dirigía a Jerusalén, lo recibieron como un Rey:  esperaba la llegada de un Mesías libertador y Jesús era ese Mesías. Israel se encontraba alerta observando si las profecías de la llegada del Mesías que dijeron profetas como Isaías se estaban cumpliendo y en efecto, Jesús las estaba cumpliendo. Israel esperaba un nuevo reino para liberarse de la opresión del imperio y Jesús, anunciaba en efecto un nuevo reino, pero no con el enfoque de Israel, sino un reino eterno, más grande que cualquier imperio de cualquier época. La multitud se enfocó en su “aquí y ahora”, Jesús anunciaba una eternidad.

Cuando en esa semana, Jesús al final de ella muere en la cruz, muchos seguidores se decepcionaron. Esperaban un Mesías libertador que peleara con un ejército celestial hasta ver la caída del imperio romano. Otros esperaban a un Jesús que se bajaría de esa cruz para mostrar los hechos que hizo a causa de la fe de muchos. Pero Jesús no lo hizo. ¿Tenía el poder? No lo dudo. Él llegó a Jerusalén y dio a entender que el Mesías había llegado. Estaba ahí. No para los propósitos de Israel sino para algo mejor, los propósitos eternos de Dios.

Luego de su muerte y resurrección, un remanente de la multitud que lo seguía deciden vivir como discípulos reales de Sus enseñanzas. Sabían que la esperanza de Jesús y Su mensaje del Reino de Dios no podía quedarse solo en sus corazones. No se callaron y cambiaron el mundo, persona a persona. Entendieron que esta vida no trataba de ellos y sus deseos, sino de honrar a Dios primero y confiaban en que Dios proveería para el resto de sus vidas, el resto de sus vidas.

Siglo 21. Muchos han escuchado de Jesús de diversas maneras. Su nombre en la mayor parte del mundo no es ignorado. Esperan encontrar en Él la respuesta a muchos de sus problemas. Otros esperan que sea el que responda a sus plegarias. Algunos saben que existió y lo tienen entre sus tradiciones pero no lo conocen, personalmente. Otros aún dudan pero en el fondo saben que Él puede mostrarse una vez más.

Y de hecho Jesús está aquí. Lo creemos porque Él lo prometió antes de partir. Su Espíritu Santo es la prueba de que Su presencia es real. Este mundo espera conocerlo, ver sus obras, señales, prodigios. Quiere ver si realmente el Mesías del que se hablaba hace un par de milenios realmente vive.

Sin embargo, puede que la forma en que Jesús actúe hoy, vaya a decepcionar a algunos. A aquellos que lo ven como el bombero que presta primeros auxilios en emergencias. A aquellos que lo ven desde el punto de vista de la religiosidad. A aquellos que esperan que actúe de manera específica en determinada situación, esperando que se cumpla la voluntad de ellos antes que la de Dios. A aquellos que con Su mensaje condenan en vez de mostrar la Gracia que Él mostró. A aquellos que recurren a Jesús más por el “aquí y ahora” que en la necesidad de escucharle para ser verdaderos discípulos suyos. (Y dentro de esos “aquellos”, puedo incluirme en más de alguna ocasión).

Y como lo hizo en el siglo primero, Jesús quiere que sus discípulos se concentren en lo que verdaderamente importa. Él está aquí. Es innegable. Jesús está en mi presente y también está en mi futuro. Y nos pide que tengamos paz porque Él ya ha vencido: Lo pasado, lo presente y lo que sea que tenga que venir en el futuro. Nos pide que seamos discípulos y adoradores en espíritu y verdad, que del resto se encarga Él (desde la petición más grande que habita en ti hasta de alinear los deseos más pequeños de tu rutina a Su voluntad).

Jesús llegó a nuestras vidas. La manera en que reaccionemos a ello decidirá nuestro futuro y sus consecuencias. Que nuestra adoración a Él sea permanente, continua y real (aunque sea el camino más difícil) hasta que Su Reino sea lo que defina la eternidad. Hasta que Su Reino y todo lo que implica sea lo único que nos importa.

Jesús está aquí.

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Juan 12:12-19 NTV
Al día siguiente, la noticia de que Jesús iba camino a Jerusalén corrió por toda la ciudad. Una gran multitud de visitantes que habían venido para la Pascua tomaron ramas de palmera y salieron al camino para recibirlo. Gritaban:
«¡Alabado sea Dios!
¡Bendiciones al que viene en el nombre del Señor!
¡Viva el Rey de Israel!».
Jesús encontró un burrito y se montó en él; así se cumplió la profecía que dice:
«No temas, pueblo de Jerusalén.
Mira, tu Rey ya viene
montado en la cría de una burra».
Sus discípulos no entendieron en ese momento que se trataba del cumplimiento de la profecía. Solo después de que Jesús entró en su gloria, se acordaron de lo sucedido y se dieron cuenta de que esas cosas se habían escrito acerca de él.
Muchos de la multitud habían estado presentes cuando Jesús llamó a Lázaro de la tumba y lo resucitó de los muertos, y se lo habían contado a otros. Por eso tantos salieron a recibir a Jesús, porque habían oído de esa señal milagrosa. Entonces los fariseos se dijeron unos a otros: “Ya no hay nada que podamos hacer. ¡Miren, todo el mundo se va tras él!”
Fotografía usada bajo licencia Creative Commons del portfolio de Flickr de Lon&Queta