#AlpiedelaCruz – 6: Silencio.

Sábado. 

Para los apóstoles y seguidores de Jesús este día era el cierre de una semana muy cambiante. El domingo habían entrado triunfantes a Jerusalén, compartiendo en el templo y el jueves habían tenido una cena muy significativa al lado del Maestro. Sin embargo esa misma noche inicia lo que no querían que sucediera: Jesús fue entregado, arrestado, condenado a una muerte en la cruz, crucificado y en sábado, su cuerpo permanecía sepultado. ¿Qué pensamientos y sentimientos ocupaban en este día el corazón de los apóstoles de Jesús? ¿Pesar, duda, temor, frustración?

Al pie de la cruz, hoy recordamos la mayor de las victorias, pero en ese preciso momento, para los apóstoles, fue la mayor de las pruebas. Su Maestro les había anticipado que existía una promesa: Jesús resucitaría al tercer día. Pero verlo clavado en la cruz, sin oponerse, sin haberse bajado o evitado las heridas, dejaban frente a sus ojos a un Jesús indefenso, débil, humano. ¿Sería posible creer en Su mensaje? Los apóstoles habían visto a Jesús sanar enfermos, traer libertad a los cautivos espirituales e incluso resucitar muertos, pero, ¿Podría hacerlo él para sí mismo?

Los evangelios no hablan sobre la situación de los apóstoles en ese día de reposo, pero como todo humano, seguramente su cabeza vagaba entre los recuerdos, los milagros y las enseñanzas de Jesús. Quizás estaban confiando firmes en la promesa, quizás habían querido que Jesús no fuera entregado en esa cruz, quizás dudaban si Jesús era realmente el Mesías o un profeta más. Sin embargo, la historia nos cuenta que ellos decidieron confiar y vivir bajo la verdad divina. Decidieron creer en las promesas de Jesús.

Mientras tengamos vida, nuestro ser estará lleno de sueños, de metas y planes, de retos en proceso de ser cumplidos y asimismo de situaciones inesperadas que probarán nuestro carácter, recursos, talentos y nuestra fe. A veces, las situaciones se complicarán, no es pesimismo, la vida es así; y como ese momento de la crucifixión, seremos tentados por la duda y el temor. Pero como los apóstoles, también tendremos la oportunidad de convertir esa tentación en una oportunidad de reconocer la provisión de Dios en todo momento y confiar.

Nuestra vida cuando es abrazada por Jesús, nos presenta diversas promesas en las cuales poder descansar. Nuestra vida también puede ser sustentada en lo que la Palabra de Dios nos presenta respecto a cómo él dirige a aquellos en Su voluntad.

Dios conoce nuestro corazón y sabe que es humano dudar y temer ante la adversidad y la incertidumbre. Pero desea que confiemos y actuemos basado en él. Confiar en Dios inicia con una decisión pero cultivar dicha virtud es un proceso. Los apóstoles en su mayoría creyeron al ver la tumba vacía pero su confianza se fue construyendo día con día. Jesús en los 40 días que estuvo en la tierra posterior a su resurrección invitó varias veces a sus amigos a creer y actuar en base a Su promesa. Prometió estar con nosotros, siempre, hasta el fin de los tiempos. Decidamos confiar.

Decidamos confiar en Dios aún sin tener las respuestas, los recursos o el talento que necesitamos para cumplir los propósitos divinos. Él promete ser nuestro protector, proveedor, sanador, libertador, nuestro Salvador.

Hoy, recuerdo esas palabras de Dios entregada al profeta Isaías acerca de cómo actúa Él. Nuestro Dios es todopoderoso, es omnisciente, omnipotente, omnipresente. En las pruebas de la vida somos respaldados por aquel que venció a la muerte, por aquel que nos ama tanto que si fuera necesario una cruz más, sin dudar lo haría.

Hoy tenemos la oportunidad de moldear nuestra vida en la manera en que respondamos a la invitación de Jesús en nuestras vidas. Menos dudas, más fe.

Isaías 55:8-11

8«Mis pensamientos no se parecen en nada a sus pensamientos —dice el Señor—. Y mis caminos están muy por encima de lo que pudieran imaginarse. 9Pues así como los cielos están más altos que la tierra, así mis caminos están más altos que sus caminos y mis pensamientos, más altos que sus pensamientos. 10»La lluvia y la nieve descienden de los cielos y quedan en el suelo para regar la tierra. Hacen crecer el grano, y producen semillas para el agricultor y pan para el hambriento. 11Lo mismo sucede con mi palabra. La envío y siempre produce fruto; logrará todo lo que yo quiero, y prosperará en todos los lugares donde yo la envíe.

Fotografía del portafolio Flickr de Ann Fisher, usada bajo licencia Creative Commons.