¿De qué estamos hablando?

Ayin – [ ע ]

Cuando leo la Biblia puedo conocer del carácter y deseo de Dios. Puedo conocer la razón de su plan, la necesidad de ver cumplida su comisión, puedo conocer el poder de Su Amor y que está disponible para que actúe en mí. Al leer y estudiar la Biblia también me doy cuenta que Dios ha hecho promesas para nuestro bienestar y que su fidelidad (una de las características de su identidad) me garantiza que serán cumplidas.

A medida que lees y estudias la Biblia, también te das cuenta que el caminar cristiano del que habló Jesús trata más de un estilo de vida sacrificial y menos de un estilo de vida en donde Dios es el proveedor de tus caprichos.

Como humanos, nos concentramos muchas veces en el premio, en la meta cumplida, en la promesa ofrecida sin prestarle atención al proceso detrás de ello. En muchas historias y capítulos de la Biblia puedes leer que el cumplimiento de muchas de las promesas que Dios expresa son y serán las consecuencias de las decisiones que cada quien decide tomar. Existen promesas orientadas en demostrar el valor que tiene para Dios la fidelidad, la obediencia, el sacrificio y el amor entre otros. Promesas que requieren un sacrificio previo, una renuncia a la satisfacción de nuestro ego, promesas que están garantizadas en el amor de Dios.

Ahora bien, muchas de esas promesas nos hablan de qué son y para quién están destinadas, nos hablan también del proceso, del sacrificio y de la gracia que necesitas para verlas reales en ti, pero poco se habla de la fecha de cumplimiento. Y como humanos no saber el “cuándo” de Dios nos puede frustrar.

Frustrar porque el mundo nos trata de enseñar que existen otros caminos para llegar a nuestra satisfacción, a la consumación de nuestros deseos. Es entonces cuando las dudas sobre la fidelidad y provisión de Dios aparecen, cuando las dudas sobre si realmente Dios está a cargo de tu existencia son normales, cuando las dudas sobre si esperar la respuesta de Dios es necesario o ser autosuficientes.

No tengo una respuesta para medir los tiempos de Dios y dudo que alguien tenga la capacidad de darte fechas o temporadas concretas. Pero he aprendido que en momentos de duda acerca de la capacidad de Dios de amarme o de cumplir Sus promesas, nada mejor que regresar a la fuente donde conocí las mismas: La Palabra de Dios.

He aprendido que enfocarme en mí, me dará una perspectiva vacía, limitada de lo que este mundo a Su lado puede y debe ser: yo simplemente tengo una perspectiva corta de los propósitos de Dios y tomar todo a partir de mi limitada visión me va a frustrar porque no sé todas las respuestas. Sin embargo, conocer a Dios y sus planes a la luz de su palabra me provee de guía, me recuerda mi identidad, me da vida.

El salmista escritor del bloque Ayin, realiza una petición a Dios: Ver cumplidas las bendiciones y promesas dadas para los justos, los que deciden obedecer a Dios. Una petición de auxilio frente a los que lo oprimían. Pero su súplica va más allá de enfocarse en su necesidad de ser escuchado, pide discernimiento para conocer y comprender la manera de actuar de Dios a través de sus leyes. No pide que el tiempo se adelante al momento de recibir el cumplimiento del pacto de Dios con sus hijos, no pide acelerar nada, pide discernimiento para saber que esperar vale la pena, que continuar confiando en Su palabra aún falten años es la decisión correcta. ¡Cuánto deseo en mi corazón ser transformado por la fortaleza de la Palabra de Dios! ¡Cuánto deseo leer Su Palabra, conocer sus promesas y tener el discernimiento necesario para ser fiel, para no ver Sus planes bajo mi perspectiva sino entenderlos bajo Sus propósitos y diseño, siempre justos, siempre perfectos!

Que la lectura de Su Palabra forme tu carácter, te haga paciente y te demuestre que Dios no se detiene ni un segundo en actuar para bendecirte, para formarte, para darte la oportunidad de que vivas tu propósito. Aprender día a día de Su Palabra, te dará la ayuda para no ver las cosas y lo que esperas a través de tus tiempos y de tus pensamientos sino en el tiempo definido en Su voluntad… falten horas, semanas o años.

“No me dejes a merced de mis enemigos, porque he hecho lo que es correcto y justo. Te ruego que me des seguridad de una bendición. ¡No permitas que los arrogantes me opriman! Mis ojos se esfuerzan por ver tu rescate, por ver la verdad de tu promesa cumplida. Soy tu siervo; trátame con tu amor inagotable y enséñame tus decretos. Da discernimiento a este siervo tuyo; entonces comprenderé tus leyes. Señor, es tiempo de que actúes, porque esta gente malvada ha desobedecido tus enseñanzas. De verdad, amos tus mandatos más que el oro, incluso que el oro más fino. Cada uno de tus mandamientos es recto, por eso detesto todo camino falso.” – Salmos 119:121-128