¿De qué estamos hablando?

Borrón y cuenta nueva.

2014. Lees estas líneas y quizás tienes 15 años y mucha vida por delante; a lo mejor este año cumples 25 y estás a la puerta de muchas decisiones; 35 años y estés conociendo la madurez de la vida o ya sea que tengas 65 años y un buen número de historias que contarnos a los que vamos detrás de ti. El tiempo pasa y pasa, la vida también.

2014 y como todos los años lo comenzamos en medio del ruido que provoca el optimismo de las resoluciones de media humanidad. Si la vida fuera construida por intenciones, mi país ya hubiese sido campeón mundial de fútbol, el sobrepeso no existiría y reciclaríamos como ninguna otra generación en la historia. Tantas resoluciones y buenas ideas, sueños, metas, propósitos que no verán la realidad a menos que actuemos. Este mundo necesita menos dreamers y más doers.

Así como somos tan creativos para soñar, el ser humano también tiene una alta capacidad de colocar excusas. Que no tenemos suficiente experiencia, recursos, tiempo, energía y otros etcétera que nos dejan con tantas buenas historias que no verán la luz. Una excusa más: la nostalgia con la que decimos que nuestro tiempo de vivir el sueño ya pasó, tengamos 15, 25, 35 o 65 años.

¿Qué hacer entonces?

Hace un par de años escribí por acá que debíamos dejar de Soñar en Pasado, que en el camino hacia nuestros sueños no deberían existir retrovisores. Y al inicio de año es preciso recordar que a la vida, no hay que darle mucho espacio a la nostalgia.

Porque terminamos un año, una temporada, una época y te encuentras con facilidad haciendo un inventario de personas que no te acompañan más, amigos que se fueron sin despedirse. Quizás cuentes también uno que otro proyecto que pintaba ser la próxima Coca-Cola en el desierto pero que en su puesta en marcha resultó ser un total fracaso. Que la persona de tus sueños resultó ser la de tus pesadillas, que el trabajo que ahora tienes (o tenías) no cumplió con las expectativas con las que comenzaste. Y ni hablar de esas resoluciones que año con año prometes pero al medir el esfuerzo necesario prefieres seguir así, en el status quo. Pues si así has sobrevivido, ¿por qué esforzarse?

O quizás tu caso es diferente, quizás no tuviste muchos reveses el año pasado  o en épocas pasadas y más bien fue un tiempo de celebración, de cimas alcanzadas, de éxitos cosechados. Y quizás pienses que ahora es tiempo de descansar, de observar los trofeos pero de no volver salir a la carga. Sin embargo la nostalgia producto del tiempo perdido como la de los tiempos buenos que ya no vuelven pueden hacernos perder el enfoque y la esperanza en el mañana. Y sobretodo de dejar de vivir.

A finales del año pasado, mientras escribía mis resoluciones de año nuevo, leí Isaías 43, un pasaje lleno de esperanza para el pueblo de Dios esclavo en Babilonia. El mensaje dado a Isaías comienza con una fuerte declaración de Dios hacia Israel haciéndole saber que es su pueblo escogido y que fue elegido para darle gloria a Él. Luego Dios les recuerda a los israelitas uno de los hechos más grandes de su historia: la liberación de  la esclavitud egipcia.

Para el pueblo esclavo, esta era una de sus más grandes añoranzas, poder vivir los hechos que esa generación vivió, ver cada día de manera palpable la provisión y protección de Dios y sobretodo libertad. Todos querían ver esos grandes hechos que Dios permitió en el liderazgo de Moisés. Sin embargo, la realidad parecía ser tan poco atractiva, presos y dispersos en medio de un reino poderoso del mundo antiguo. Dios les recuerda la historia de la liberación de Egipto y luego les dice  “¡Olviden todo eso! ¡No es nada comparado con lo que voy a hacer¡ ¡Haré algo nuevo, ya he comenzado!” (Isaías 43:18-19). Dios ya había iniciado el proceso de  liberación de la esclavitud de Su pueblo. No actuó de inmediato pero sí inició Su liberación a través de una promesa, de depositar una esperanza. Una esperanza en medio de una realidad dura, una promesa para creer y vivir los hechos que Dios haría por quienes ama.

unnamed2014, y mucho de lo que esperamos aún no es. Quizás tengamos temores de volver a fallar en este nuevo tiempo o de no volver a alcanzar el éxito y la alegría de la temporada pasada. Sin embargo, nuestro Dios también ha preparado la misma promesa para nosotros. Dios al igual que al antiguo Israel nos pide que creamos, que no le demos tanto espacio al pasado por muy bueno o malo que sea, que no ocupen más que el espacio de un buen recuerdo o una historia para nuestro aprendizaje, que el pasado no lidere nuestra vida, sino que le dejemos eso a Él y nosotros obedezcamos y actuemos.

Dios te (nos) pide que le tengamos fe, que quizás hoy la situación que vives no te deje ver claro el camino para cambiar tu realidad, pero que confíes en Él porque si no nos ha fallado hasta hoy, ¿por qué tendría que comenzar ahora? Dios nos pide que le tengamos fe, aún si tu vida tiene consecuencias producto de los errores y el tiempo gastado; su forma divina de ver la vida nos concede Su gracia que más que reparar nuestra biografía, la renueva, transforma y nos permita soñar por un nuevo comienzo.

Dios te (nos) pide que nos tengamos fe y que confíes en los talentos que se te han dado. Que los uses, gastes, e inviertas en todo aquello que te hace sentir apasionado, agradecido con Dios y satisfecho con la honra que le das a los que amas. Dios nos pide que nos tengamos fe y cerremos la puerta al pasado, porque como diría esa frase que ronda en las redes sociales “No podemos comenzar el próximo capítulo en nuestra vida si seguimos releyendo el último”.

Dios nos pide darle una oportunidad a nuestra existencia y que en fe nos movamos, actuemos, apliquemos, digamos, escribamos o cualquier otra dinámica que tengamos que hacer, porque las buenas historias no se cuentan jamás en el modo hubiera. Se cuentan gracias a las decisiones y acciones que un día como hoy, se tomaron.

Dios nos pide que más que existir, vivamos. Porque Él nos apoya, porque Él nos promete que aún no estamos en el capítulo final de nuestra eternidad.

2014, tiempo de borrón y cuenta nueva. Porque lo que hagas con lo que te queda de vida trae más satisfacción que recordar aquello que has perdido/vivido y si tienes fe en Dios y en vos, no habrá error pasado, dificultad o evento que pueda alejarte del destino que Dios soñó para cada uno de nosotros.

2014, un año para buenas historias. Ya sea que tengas 15 años y mucha vida por delante;  25 y a la puerta de muchas decisiones; 35  y estés conociendo la madurez de la vida o ya sea que tengas 65 años pero con vida para hacer espacio a más relatos que sumarán a tu legado.

2014, Dios estará con nosotros. Dios está actuando ya, hora de creer, hora de hacer.