Conocer a Jesús: la mitad del camino.

Junto a unos amigos iniciamos un club de lectura con el objetivo de estudiar el legado de C. S. Lewis y comenzamos por uno de sus trabajos más conocidos: Las Crónicas de Narnia. Me encanta el paralelismo que Lewis utiliza para explicar a través de la lectura la pasión y características de Jesús en la figura del gran león Aslan.

Y de los libros que he leído, uno de los pasajes que llamó mi atención, fue el momento en donde los niños protagonistas de las historias, escuchan el nombre de Aslan por primera vez:

“-Dicen que Aslan se ha puesto en movimiento… Quizás ha aterrizado ya-. En ese momento sucedió una cosa muy curiosa. Ninguno de los niños sabía quién era Aslan, pero en el mismo instante en que el Castor pronunció esas palabras, cada uno de ellos experimentó una sensación diferente.

A lo mejor les ha pasado alguna vez en un sueño que alguien dice algo que uno no entiende, pero siente que tiene un enorme significado… Puede ser aterrador, lo cual transforma el sueño en pesadilla. O bien, encantador, demasiado encantador para traducirlo en palabras. Esto hace que el sueño sea tan hermoso que uno lo recuerda durante toda la vida y siempre desee volver a soñar lo mismo.

Una cosa así sucedió ahora. El nombre de Aslan despertó algo en el interior de cada uno de los niños. Edmundo tuvo una sensación de misterioso horror. Pedro se sintió de pronto valiente y aventurero. Susana creyó que alrededor de ella flotaba un aroma delicioso, a la vez que escuchaba algunos acordes musicales bellísimos. Lucía experimentó un sentimiento como el que se tiene al despertar una mañana y darse cuenta de que ese día comienzan las vacaciones o el verano.” – Crónicas de Narnia: El León, la bruja y el ropero. (C. S. Lewis).

¿Qué pasa por mi mente y corazón al escuchar el nombre de Jesús? ¿Qué pasa por la tuya? 

La mayoría de los que leen estas líneas viven en una cultura influenciada por el cristianismo. El nombre de Jesús es común y corriente, cotidiano, presente en el día a día. Personalmente, no nací en un hogar meramente cristiano aunque estudié mi infancia y adolescencia en un colegio de sacerdotes benedictinos quienes me mostraron la tradición cristiana. Fue hasta el año 1996 cuando mi familia decide asistir a una congregación cristiana donde todo cambió. Noviembre de 1998 y el  nombre de Jesús comenzó a tener un significado de salvación y eternidad en mi corazón. Agosto de 2003 y escuchar Su nombre me hizo imitar Su vida de servicio y de enseñar la Palabra de Dios. Octubre de 2007 y en una noche única, escuchar que ese tal Jesús que he escuchado desde mi niñez había diseñado un propósito único para mí, una misión, cambió mi vida y perspectiva de cómo entregar mi todo a Él. Y aunque pasen los años, la madurez, la realidad y los sueños… escuchar el nombre de Jesús y de cómo está presente en mi historia hace este viaje llamado vida, único, valioso.

Conocer a Jesús es genial. Pero la misión que Dios nos dio, no termina en disfrutar Su salvación y amor. Eso es la mitad de la instrucción. Jesús desea ser conocido por todo el mundo, porque la noticia de gracia y salvación fue dada a todos, en todo tiempo y generación.

En algunos lugares del mundo, el nombre de Jesús pasa desapercibido. Pero en esta cultura donde tú y yo vivimos, puede que se esté volviendo, rutinario, común… y que escuchar ese nombre, le cause a medio mundo indiferencia, aburrimiento, crítica, culpa, etcétera. Y en ambos casos, debemos (es una misión, no sugerencia), traducir lo que significa para nosotros que Jesús sea un sujeto principal en la historia de nuestra vida y hacerlo fácil de comprender a quien Dios coloque en nuestro camino. ¡Vaya tarea! ¡Vaya misión! Pero, ¿Hay algo mejor que anunciar Su nombre y Su mensaje a este mundo confundido?

El mensaje que Dios nos dejó es uno, el Salvador de la humanidad lleva por nombre Jesús, y la misión que Dios entregó a sus discípulos es la misma que portamos hoy. Es posible que nosotros seamos el último enlace entre Dios y gente que conocemos (sí, esa persona en que pensaste), es posible que el mundo le de la espalda a La Iglesia como institución, pero a lo mejor le aceptará un café a alguien que considera su amigo (sí, vos, tú, usted). Es posible que la rutina haga intrascendente la vida cristiana a muchos, pero este mundo se merece que Jesús sea la explicación de cada una de tus historias, de tus éxitos, de tu “volverse a levantar” después del fracaso, de tus sueños e ilusiones. Este mundo necesita una luz en medio de tanta oscuridad que provoca confusión y pesar. Y nosotros somos portadores de la solución.

El mundo necesita a Jesús. Ya lo conoces, lo amas. Ahora, ¿Cómo se lo trasladas al mundo, a tu generación, a tus amigos, familia y a la vecina? Encontrar la respuesta a ello, cambiará tu vida. Y valdrá la pena. Sin dudar.

“12Cuando Jesús oyó que habían arrestado a Juan, salió de Judea y regresó a Galilea. 13Primero fue a Nazaret, luego salió de allí y siguió hasta Capernaúm, junto al mar de Galilea, en la región de Zabulón y Neftalí. 14Así se cumplió lo que Dios dijo por medio del profeta Isaías: 15«En la tierra de Zabulón y Neftalí, junto al mar, más allá del río Jordán, en Galilea, donde viven tantos gentiles, 16 la gente que estaba en la oscuridad ha visto una gran luz. Y para aquellos que vivían en la tierra donde la muerte arroja su sombra, ha brillado una luz».” – Mateo 4:12-16 NTV

Fotografía tomada del portafolio de BM5k, usada bajo licencia Creative Commons.