¿De qué estamos hablando?

¿Cuánto?

La historia mundial está llena de batallas ganadas y perdidas; de revolución y de descubrimiento, de avances y estancamientos… llena de sucesos que de alguna manera u otra marcaron a la humanidad, pero ninguno como aquel evento en donde un inocente decidió morir en una cruz.

Jesús, el héroe, el revolucionario, el buen pastor, el libertador…. ¿Qué representa para ti? La primera comunidad de sus seguidores decidieron llamarlo “Señor”, palabra que en estos tiempos está subvalorada pero en ese entonces representaba un desafío al imperio romano al proclamar que aquel profeta judío era el Señor de sus vidas, de su corazón, de sus decisiones, de sus pertenencias, de su sociedad.

Jesús… escuchar su nombre estremece a las tinieblas y el cielo entero resuena adorando su voz. Jesús… odiado por muchos y amado por otros. Jesús… ¿el Señor del Universo o un mito más de la tradición pasada de generación en generación? La pregunta central a todo esto… ¿Cuánto vale escuchar su nombre para ti?

Vivo en un país que se mofa de decir que el 40%/60% de sus habitantes son cristianos confesos, formo parte de la tercera parte de la humanidad que se hace llamar seguidora de Jesús y me pregunto… ¿Cuánto representa para nosotros su vida, su ejemplo, sus actos, su nombre?

¿Cómo serían nuestras sociedades si amásemos al 100% el ejemplo y mensaje de Jesús? ¿Cómo sería la calidad de vida de nuestra sociedad? ¿Habrían diferencias tan marcadas entre los necesitados y los pudientes? ¿La Iglesia sería una influencia significativa en la cultura? ¿Cómo respondería la Iglesia en el mundo? ¿Dejaría de existir esa burbuja “espiritual” que ha separado a muchos de su verdadero llamado? ¿Tus pensamientos, tus decisiones, tus acciones ser verían afectadas al decidir imitarlo? ¿Cuánto harías a causa de llamarte seguidor de Jesús?

Me atreveré a decir que las sociedades cristianas distan muchísimo de la imagen que Jesús tiene de la Iglesia, ese movimiento que Él fundó y que ha prometido acompañar hasta su regreso. Vivimos en sociedades consumistas y egoístas; donde las fiestas en honor a nuestra tradición cristiana (Navidad, Semana Santa, etc.) son pretextos para pasar un tiempo de diversión, de despilfarro, de descanso… excepto para recordar la vida y obra de Jesús. Cuando alcanzas esos retos y desafíos que te llevaron años y el éxito define tu vida, es muy probable que te olvides de que deberías darle la gloria a Dios primero; cuando estás en problemas es seguro que te recuerdes de Él ya sea para usarlo de salvavidas o para reprocharle lo mal que lo estás pasando. Pero de que tenga el lugar que merece Jesús, duele decirlo, no creo que le haya sido adjudicado.

Llevo esta pregunta a un sentido más personal y me pregunto, ¿Cuánto vale lo que hizo Jesús por mí en la cruz? He de decir que soy un hombre en constante renovación, que peleo contra mis pensamientos a la hora de entregárselos a Dios, que ha aprendido a levantarse por su gracia del pecado y la mediocridad pero que también duda en seguir avanzando hacia el camino que Él mostró. No soy perfecto y quizás no todas mis acciones reflejen el amor que tengo por Jesús, por su mensaje, por su llamado, por el propósito que trazó para mi vida.

¿Es Jesús la base de tu vida o simplemente un matiz más? ¿Cuánto de tu tiempo inviertes en hacer de Él y tú, una relación genuina? ¿Cuántos de tus recursos (y no hablo de lo material únicamente) están destinado a darle gloria a Él? ¿Cuántos amigos son influenciados por el mensaje de Jesús a través de tu vida? ¿Cuánto estás dispuesto a renunciar para verlo actuar como Señor de tu vida? ¿Cuánta alegría te produce un momento en su presencia? ¿Cuánto lo amas?

Proclamar a Jesús como el Señor de tu vida va más allá de las palabras y tomará tus acciones, decisiones, pensamientos, renuncias y volver a comenzar. Es un proceso de constante aprendizaje y de constante renovación. Involucrará tu vida y todo tu ser. No hay otra manera de llamarse discípulo de Jesús, sin embargo una vez metido en el camino, no habrá nada mejor que buscar.

“…entonces Él les dijo que esperaba de ellos: “Todo aquel que intente venir conmigo debe dejarme liderar. Ustedes no están al volante, Yo lo estoy. No huyan del sacrificio, abrácenlo. Síganme y les mostrare cómo. Tu propio esfuerzo no ayuda después de todo. Sacrificarte es el camino, mi camino para encontrarte a ti mismo, tu verdadero yo.” – Lucas 9:23-24 (MSG)

PD. Imagen utilizada: Poster de Semana Santa del blog http://www.cinismoilustrado.com , es decir, no es mía :] .