¿De qué estamos hablando?

De soñar y esas cosas…

Dios no se burla de nosotros… En esto creo.

Tengo un amigo que hace ya varios años entró a trabajar en una multinacional y trazó un mapa de cómo iba a escalar posiciones hasta llegar a una posición directiva, junto a su esposa, hicieron el plan y colocaban declaraciones de fe y de sus sueños en las paredes de su casa mientras esperaban ello, hoy, están cerca de lograrlo. Mi padre decidió creer por un futuro mejor para sus hijos cuando decidió dejar su tan valioso puesto de “jefe de carpintería” y arriesgarse aún sin plan de negocios a trabajar de manera independiente, hoy es un emprendedor del cual me enorgullezco llevar su nombre y su sangre. Otra amiga muy querida decidió dejar su país, su familia y su comodidad para seguir el propósito de su vida aún sin saber mucho del futuro, hoy está a la puerta de muchos proyectos que hace un año atrás no estaban en sus pensamientos. Un argentino más o menos a mi edad decidió creer que había un futuro mejor para los jóvenes cristianos y las iglesias donde se comparte el mensaje de Jesús… hoy es el director de Latinoamérica del movimiento de liderazgo juvenil cristiano más grande que existe de este lado del planeta. Todos ellos tienen algo en común. Se arriesgaron, decidieron creer sin ver y siempre tendrán en su mente que hay algo más por alcanzar. Son soñadores.

Hay algo que tienen los sueños y es que de alguna manera nos permiten realmente vivir más que simplemente existir. Aquellos que viven tras de sus sueños son personas que generalmente tienen un pie en la tierra ejecutando lo que desean hacer y ser y otro pie en la tierra de las promesas, donde realmente comenzó todo. Lo genial de los sueños es que te permiten creer que existe una realidad más allá de la cual vives, mejor que tus desgracias y mejor que tu zona de comodidad.

No creo que Dios nos haya dado la capacidad de soñar para dejarnos en ridículo por meras fantasías y hacernos pasar vergüenzas frente al mundo al querer conquistar anhelos que nunca llegarán a ser. No creo que Dios nos dio la capacidad de soñar con el fin de avergonzarlo, al profesar fe en él para luego hacer morir nuestras esperanzas por la dificultad del proceso o porque simplemente desistimos.

Dios no se burla de nosotros al presentarle nuestros sueños…. al contrario, creo que cuando dejamos de soñar nos estamos burlando de alguna manera de Dios, porque cuando renunciamos a algo que parecía posible en nuestra mente, estamos declarando que es imposible, y cuando decimos que es imposible estamos mostrándole al mundo que creemos que Dios y su provisión tienen limitaciones.

He visto como mueren muchos sueños y anhelos, como grandes músicos deciden enterrar canciones y melodías únicas, escritores que dejan sus líneas en la oscuridad y emprendedores con la próxima gran idea que revolucionará el mundo que se queda en un simple ideal… al mismo tiempo veo grandes músicos que lideran himnos alrededor del planeta, escritores que escriben historias de magos y vampiros mientras el mundo espera el próximo tomo de sus novelas y empresarios exitosos con ideas similares a las que alguna vez tuvimos. Todos sueñan, unos fantasean, otros los hacen realidad.

Soñar no cuesta nada pero llevarlo a cabo sí. Recibir promesas todos podemos, pero esperar y trabajar para el cumplimiento de ellas requieren sacrificio, obediencia, paciencia, esfuerzo y demás virtudes. Es obvio que en todo sueño, meta o plan que deseemos lograr vamos a necesitar creer y trabajar por ello y estoy seguro que Dios apoyará cada uno de nuestros sueños que cumplan su voluntad, que no sean egoístas y que puedan llevarte al propósito de tu vida. El punto que diferencia a las vidas que sueñan de las que no es el interés que tengas por ver una nueva realidad, la capacidad de aceptar el fracaso y superar tus temores en caso de que estos hagan su aparición y la fe que tengas en Dios y lo que Él ha prometido para ti. Me niego a creer que el éxito sea producto de la suerte o la casualidad.

Leo la Biblia y veo como hombres y mujeres recibieron promesas de Dios y creyeron en ellas de tal manera que los encontrabas trabajando día a día esperando encontrarse en el lugar correcto siempre y así ver el tiempo señalado de su bendición. José nunca dejó de creer en que algún día sería un hombre que gobernaría sobre sus hermanos a pesar de estar esclavo y preso durante mucho tiempo. Abraham y los demás patriarcas nunca dejaron de creer en que serían los padres de la nación de Israel aún si el cumplimento de la promesa de Dios no la verían sus ojos. David jamás dejó de confiar en que Dios lo había ungido para ser el siguiente líder de su pueblo aún en el campo, aún como soldado, aún como fugitivo. Todos ellos y los que cuenta la Biblia confiaron con la mente y el corazón puesto en una promesa: Dios enviaría su provisión y amor en el momento justo.

No sé si en este momento de tu vida estás frustrado por ver como muchas de tus ideas fracasaron, no sé si en este momento estás trabajando por tus sueños o si tienes anhelos que quisieras cumplir. Quien escribe estas líneas ha aprendido de los soñadores, de los que cambian al mundo… que existen realidades mejores más allá de las circunstancias, de las carencias y de los defectos en los que vives… dichas realidades existen y muchas de ellas están aseguradas en una promesa dada por Dios. Nuestro trabajo es creer y esforzarse por dar los pasos de fe, por obedecer y por actuar en el momento preciso… Dios hace el resto y amigo mío, lo que él hace siempre es perfecto.

Así que sueña… porque es parte de la definición del resto de tu vida.