Dejar ir…

“Ruido. Todo esto es ruido barato… porque ni los días ni las penas acaban con un nuevo año. ¿Nuevo comienzo? ¡Qué va!”, resulta ser esa conversación que tienes contigo mismo cuando escuchas en los medios que el 2014 ya se acaba y el 2015 está a la vuelta de la esquina para cambiar de página en nuestro calendario.

Ves que algunos ya tienen terminada su lista de declaraciones, propósitos para el nuevo año, aunque la mitad de ellas no crucen la famosa cuesta de enero. Otros quizás tienen los mismos problemas o peores a los tuyos, pero aún guardan esa pequeña esperanza que el 2015 trae cosas mejores, apostándole a la esperanza aunque la realidad pareciera burlarse de ellos.

¿Y vos?

“Lo mío es lo mío y yo decido cómo vivirlo” respondes al preguntarte por qué aún sigues arrastrando contigo el pasado. Sí, hablo de ese pasado que se transformó en una carga cuando decidiste traerlo al presente y que encoge el futuro y la fe en días mejores.

Algunos lo visten como medallas de honor. Ese pasado que fue brillante pero que hoy ya no es. Y lo usas como excusa para no esforzarte más pues ni los recursos ni los chances que tuviste te acompañan ahora. Otros lo siguen celebrando aun si hoy es obsoleto, para aparentar que la vida sigue bien aunque para ellos ya no tenga sentido soñar ni esforzarse una vez más.

Otros arrastran ese tipo de pasado que también ciega pero sobretodo duele. Hablo de ese conjunto de cargas que acumulas entre palabras hirientes, fracasos de todo tipo, despedidas que nunca quisiste dar… pasado que se transformó en amargura, tristeza, miedo y pesar. La frase “vienen tiempos mejores” no existe en tu vocabulario. Porque tu presente apunta en reversa. Y ahí estás, estático, retrocediendo ante la vida.

Y sí, lo único que te recuerda que estás envejeciendo, que los días y meses pasan es que tus cargas se vuelven más pesadas. Porque planear resulta tan vago, porque cuando escuchas los sueños o los logros de otros te resultan tan ridículos. Algunas veces por envidia, otras porque en tu realidad pareciera no haber lugar para ese tipo de inversión.

Y acá estás. Con más temores que fe. Con más desilusión que esperanza. Lanzando al cielo un por qué desesperado esperando una respuesta divina.

Y Dios, acude a tu cuestionamiento, siempre presente, conociendo cada detalle de tu aflicción,  respondiéndote con otra pregunta: ¿Por qué no sueltas las cargas que tanto pesan?

“¿Así que es mi responsabilidad?” le respondes. Y la verdad es que sí.

Porque al final es tu decisión dejarlas ir. Dios no puede obligarte hacerlo, contradeciría el libre albedrío que decidió darnos. Es tu decisión dejar ir lo que duele o lo que escondes. Porque nadie puede venir y arrancar del corazón lo que no estás dispuesto a entregar. Es tu decisión dejarlo ir.

Esa oportunidad que estabas buscando de hecho ya está dentro de ti. Porque tus decisiones te llevaron a acumular cargas que nadie te pidió llevar. Porque tus decisiones escriben tu historia. Y tus decisiones te permitirán vivir en libertad y fe o alejado de la esperanza de un cambio en tu existencia.

Un año termina y la oportunidad de comenzar de nuevo nunca se siente tan especial como cuando Enero regresa a nuestra vida. Un génesis si así lo decidimos para dejar ir lo que estorba, lo que culpa, lo que consume el potencial y el propósito de Dios para tu vida. Y a cambio una vida de dependencia en Dios, de libertad, de paz, de un enfoque correcto a lo que la vida demande, una vida donde Jesús tenga cada vez más importancia y yo tenerla menos.

Toda decisión que cambia tu vida incluye rendición. De ver ese coste de oportunidad al escoger un camino por otro. Y ahí está Dios, esperando tu decisión, preguntándote a cada encuentro: ¿Soltarás la carga que llevas hoy?

A cambio, nuestro Dios decide amarnos con amor inexplicable, diciéndonos que nos acomodará la carga correcta, encargándose Él de lo que duele, de lo que hiere, de lo que confunde y de lo que pesa. Pero es tu decisión y solo tu decisión dejar ir, rendirse a ser dirigido por Dios.

Dios a cada encuentro te pide dejar ir eso que hoy debilita y confunde. A veces usará milagros para transformar tu vida luego de rendirte a Él. A menudo usará procesos, que también llegan a doler a veces, pero que si confías tallarán el futuro que Dios ha esperado activar en tu vida. Para acabar con los temores y el rencor. Para restituir la fe y las ganas de vivir.

El año acaba y es nuestra decisión conservar una identidad alterada por las cargas que decidimos arrastrar año con año o rendirnos a Dios y esperar activamente en que la voluntad de Dios es mejor que la nuestra.

Quien escribe estas líneas debe decidir todos los días que llevará al mañana. Algunas veces decidirse toma más tiempo del esperado, pero al mismo tiempo, puede testificar que cada vez que decidió levantar bandera blanca y entregar a Dios sus cargas, Él no falló. Porque el ruido que hacía mi forma de pensar fue sustituido por Su dirección y su increíble voz, diciéndome “este es el camino por el que debes ir”.

2015, a la vuelta de la esquina. Hoy es un buen momento para hacer una pausa, reflexionar en el equipaje de mente y corazón que llevas. Tomar tus sueños, desempolvar las viejas metas, recordar tu propósito y dejar ir lo que no suma ni multiplica y comenzar a confiar en Dios y su gracia. Vendrán tormentas, retos y dificultades quizás, pero irás preparado, para avanzar y perseverar, porque Dios va con vos. Te darás cuenta que no es tanto tu fuerza sino Su gracia la que permite avanzar y crecer.

Lo mejor está por venir. No es una falacia, es una realidad en proceso. No por mis fuerzas sino por Su Gracia. Hoy decido dejar ir eso que estorba y hace tropezar y abandonarme en fe en lo que Dios hará. Valdrá la pena, seguro estoy.