¿De qué estamos hablando?

Derrotado vivo mejor.

Vivo (al lado tuyo) en un mundo que nos hace creer nuestra autosuficiencia e independencia sobre todos los aspectos de la vida. Basta con ver la publicidad en medios, las canciones del mainstream y lo que las figuras públicas, los símbolos del éxito en nuestra generación, nos motivan a creer.. que todo está en nuestras manos, que  soy el director absoluto de mi destino. Y es que no están equivocados del todo, en la determinación y actitud de muchos que hoy no están se han vivido los mejores momentos de la historia; pero para los que creemos y vivimos sabiendo que esta vida solo es una parte de eternidad, sabemos que hay algo más que define nuestra vida.

Por otra parte, en estos últimos años se han levantado tantas filosofías que nos invitan a ver la vida como algo que podemos dominar. Que al destino se le conquista. Algunos han sido escritores que han cosechado su fama y fortuna al compartir estos “secretos”, otros han sido religiosos y gurús que nos invitan a hacer un balance y armonía en nuestras vidas e incluso hay teología “cristiana” que nos enseña a buscar la prosperidad, el éxito, la conquista y la comodidad como fin primordial de la vida. De la misma manera, no están equivocados del todo… El hecho de trascender está impreso en nuestro ADN y no conozco aún a alguien que haya decidido vivir una vida desgraciada como propósito de su eternidad. Pero para los que vivimos esforzándonos para ser seguidores de Jesús, sabemos que hay algo más que nuestra propia complacencia.

Ahora, veo mis años y cómo se han dado los cambios fundamentales en mi vida. Reflexiono un poco sobre cómo se han ganado mis grandes batallas. Cómo se han dado mis más grandes emprendimientos, cómo se ha conseguido eso por lo cual agradezco a Dios cada día y cómo muchos milagros que no tienen explicación me han definido.

No ha sido por mi autosuficiencia, no ha sido por mi talento o por mi independencia. No ha sido por que yo sea un todopoderoso, sino todo lo contrario, porque he sido un hombre que se entregó tal cual perdedor y aceptó una derrota a cambio de formar parte de un reino, el cual no es el mío sino el de Dios.

La vida con Jesús ha implicado en mí, la renuncia a muchos de mis malos hábitos, de la búsqueda de mis egoístas placeres y la muerte de muchos de mis patrones mentales que me atrapaban en un diseño para el cual no fui formado. La derrota de mí a cambio del reinado de Jesús en mi corazón ha sido el antes y después que vivo, la segunda y gloriosa segunda oportunidad que me permite saber que si el hoy es genial, el mañana y la eternidad será mejor, no a causa mía, sino por la gracia y el perfecto amor de Dios.

Regreso a ese pasaje en la Biblia que ha sido un punto de inflexión para mí, Lucas 9:23-24 y en mis fracasos y errores, el Norte para el cual reencausar mi vida:  “Entonces (Jesús) dijo a la multitud: Si alguno de ustedes quiere ser mi seguidor, tiene que abandonar su manera egoísta de vivir, tomar su cruz cada día y seguirme. Si tratas  de aferrarte a la vida, la perderás, pero si entregas tu vida por mi causa, la salvarás. ¿Y que beneficio obtienes si ganas el mundo entero, pero te pierdes o destruyes a ti mismo?”

Hacer de Jesús nuestro Señor no ha sido fácil y al parecer siempre que batallemos contra nuestro egocentrismo, nunca lo será. Sin embargo, hoy más que nunca quiero ser un hombre derrotado por el amor y la gracia de Jesús, un hombre que renuncia a su egoísmo a causa de una vida de servicio y misión como mi Rey lo destinó. Hoy quiero ser un hombre que no tiene un plan basado en sí mismo, sino un plan diseñado por Aquel que es dueño del mundo y su plenitud. Hoy quiero exhibir mi derrota a mi autosuficiencia a cambio de la Soberanía de mi Dios. Hoy quiero entregarle el crédito de todas mis victorias y éxitos, hoy quiero entregarle mi voluntad a cambio de la suya en mis sueños. Hoy quiero hacerle saber a mi carne, alma y espíritu, que en esta vida no se trata de mí, sino de lo que Él hará en mí.

En un mundo que nos exige victorias para ser relevantes, los cristianos encontramos en nuestra derrota a nosotros mismos a cambio de ver reinar a Dios en nuestro corazón, la base de nuestro destino, de nuestra eternidad.

“Ser derrotado por Dios es la mas grande de nuestras victorias…” – Fausto Liriano

PD. La frase con la que cierro este post, fue la que dio origen al mismo; tuiteada ayer por mi amigo Fausto Liriano, pastor de Iglesia “El Círculo” en República Dominicana. Escritor de Maldito Mundo, un libro que te invita a actuar.