¿De qué estamos hablando?

Escuchando a Sabina, recordé a Jesús…

Hace unos días leía que los versículos más usados como frases célebres son aquellos enfocados en nosotros: “Todo lo puedo en Cristo…”, “Planes de bien y no de mal…”, “Escribe tu visión y se cumplirá” y los menos conocidos son aquellos que son un mandamiento a cambiar nuestra manera de vivir, nuestro comportamiento, aquellos que nos enseñan a abandonar nuestro pecado y buscar el arrepentimiento por vivir una vida vacía y dejando muerto el propósito de Dios para cada quien.

Me atrevería a decir que una de las maneras en que muchos cristianos hemos definido nuestra relación con Jesús gira en torno a nuestras necesidades y deseos. No nos gusta esperar preferimos las soluciones instantáneas, no invertimos tiempo en orar pero sí queremos conocer la voluntad de Dios, no queremos hacer sacrificios para Jesús pero sí reclamamos los que Él hizo por nosotros. Se nos olvidó que esto que vivimos con Jesús es una relación en ambas direcciones donde el tener tiempos reales y sacrificiales es parte de ello. Jesús lo hizo.

Creo que es vacío y solo rutina cumplir con las 1000 y una reglas o características de ser un “cristiano sano” si por dentro le niegas el corazón a Jesús. Es difícil darte cuenta de ello en un mundo que gira en alimentar nuestro egocentrismo y también porque el orgullo se daña al reconocer que hemos vivido una cristiandad a medias. Sin embargo es necesario esa negación de la que Jesús habló cuando se refería a tomar Su cruz, a morir a sí mismo y el dejar que Él tome el volante de nuestra vida.

Una relación con Jesús no es un ID que obtienes el día que declaraste aquella oración de fe. Se trata de un estado continuo de búsqueda de conocer lo que Jesús espera de ti y hacer crecer esa fortaleza y voluntad de estar dispuesto a renunciar a todo aquello que solo distorsiona el futuro de lo que podrías llegar a ser.

Quizás Jesús si fuera totalmente humano ya hubiese tirado la toalla al ver que somos empedernidos en anteponernos a lo que Él espera de nosotros, pero su amor y paciencia realmente son grandes. Examinando mi propia vida puedo ver que hay áreas donde hay un Jesús insatisfecho por el amor que le pongo a mi relación con Él. Más allá de verme todos los domingos en el templo, o de leer la Biblia como obligación diaria, o que sirva a mi prójimo… Jesús espera que muramos por Él, que renunciemos a nuestra manera de hacer las cosas cuando sabemos que Dios tiene un plan mejor. Este es el inicio y le dará valor a todo lo que hacemos como práctica devocional y cristiana.

Ahora bien, de Joaquín Sabina solo he escuchado una canción: “Contigo” y sinceramente leí primero la letra, pero mientras escuchaba la canción me recordé de Jesús. Esta canción hace una descripción de los momentos “naturales y normales” de una relación de pareja… sin embargo uno de ellos estaba insatisfecho porque el amor no provenía del corazón, sino ya era algo rutinario… por eso me recordé de Dios, porque si colocamos  a Jesús en el piano detrás de la interpretación, realmente tendría el derecho de poderme dedicar: “…lo que quiero corazón cobarde, es que mueras por mí…”. Es tiempo de una relación basada en el amor incondicional. Jesús ya comenzó… te toca.

Y morirme contigo si te matas, y matarme contigo si te mueres… porque el amor cuando no muere mata, porque amores que matan nunca mueren…