¿De qué estamos hablando?

La imagen de Jesús… hoy.

Realmente la historia de Jesús supera mi comprensión como para describirla en unas cuantas frases. Cada milagro, cada hecho, cada enseñanza, cada momento de silencio y de pasión relatada en los 4 evangelios encierran en sí una cadena de promesas y respaldo que no podemos encontrar en ningún otro lugar. En los últimos siete días, una tercera parte del mundo (la considerada cristiana) celebró, el punto clave de nuestra fe y del ministerio de Jesús: su sacrificio y resurrección. Alrededor del mundo vemos como las diversas culturas hicieron un espacio para recordar la grandeza del amor de Jesús expresado en la cruz y la manera en que da esperanza a nuestras vidas el hecho de que resucitó para trasladar Su Mensaje a nuestras historias y ser compartido en las generaciones posteriores hasta nuestros días.

Los israelitas esperaron por muchos años la llegada del Mesías y las promesas y profecías encerraban la descripción de un héroe que liberaría sus vidas de la opresión y la derrota. Cuando Jesús vino a la tierra, sus contemporáneos pudieron ver con detalle cada una de sus acciones, su manera de vivir y lo que movía su corazón. Quizás el mensaje de la instauración del Reino de Dios no fue el mensaje esperado por muchos ya que representaba formar parte de un camino distinto al que ellos imaginaban; tomando así una revolución que superaba toda frontera humana… una revolución de amor que inspiró a unos cuantos hombres comunes y corrientes, pero cuya trascendencia eterna sigue inspirando a muchos más, incluyendo hombres y mujeres de mi generación.

Cada época de la historia posterior al sacrificio y resurrección de Jesús ha sido influenciada por la transmisión del Mensaje de Dios por medio de la Iglesia cristiana. A cada una de las generaciones a través del tiempo le tocó describir a Jesús en diferentes contextos y en diferentes misiones, haciendo de cada época un retrato de Jesús según la cultura y el tiempo vivido, pero que mantuviese la esencia de los días en que el Mesías se encontraba en la tierra por primera vez.

El tiempo ha pasado y la necesidad de mostrar el Mensaje es la misma; esto me lleva a pensar en que no podemos agregar ni quitar ni una sola palabra a lo que los evangelios dicen de Jesús, de nuestro Dios y Salvador, sin embargo es nuestra responsabilidad ser esas “Cartas que hablan a favor de Jesús” que menciona 2a Corintios 3. ¿De qué manera podemos describir a Jesús si no fuimos participes de sus milagros en su primera venida, ni fuimos testigos de la tumba vacía luego de aquel Viernes donde la historia cambió? ¿Cómo podemos presentar a Jesús muchos siglos después de que su mensaje fuera por primera vez compartido?

A lo mejor nuestra influencia no nos permita llegar a todo el mundo al mismo tiempo y gritar a los 4 vientos que Jesús es el Señor de nuestras vidas y que promete una Salvación y Transformación de nuestra vida. Y pensándolo bien, el mundo ya está lleno de gente que hace demasiado ruido y que distorsiona el significado del verdadero amor que solo podemos encontrar en Dios. En este mundo cada vez más heterogéneo, donde los métodos de comunicación uniformes se están convirtiendo en obsoletos, muchas veces solo nos queda nuestra historia para ser contada; y eso es bueno… porque nuestra historia es inspirada por una historia mucho más grande… la historia de Dios.

¿Cómo podemos dar a conocer a Jesús a esta generación? Creo que es vital comenzar con nuestras propias historias, haciendo del punto central de nuestras vidas a Dios que influencia cada una de nuestras experiencias y que se hace presente en nuestro diario vivir. Cada acto de fe, cada muestra de amor, cada oportunidad de compartir la Gracia de Dios a otros sirve. Cada sonrisa compartida, cada abrazo no negado, cada palabra de ánimo es parte de trazar la imagen de Jesús en esta sociedad, en tu cultura, en tu contexto, en tu generación.  Quizás muchas personas no irán primero a la Biblia o se acercarán a una congregación, pero sí lo harán con nosotros. Y es ahí donde nuestras experiencias, donde lo que conocemos de Jesús necesita ser compartido. Es ahí donde el Espíritu Santo nos acompañará y nos inspirará para que la imagen de Jesús no sea una idea abstracta, sino una experiencia real para un mundo que desespera por una Verdad.

Seamos el reflejo de Jesús en nuestra generación. Seamos nosotros mismos y reflejemos su amor, su gracia y su paz y seguramente muchos lo conocerán, permitiendo que Dios haga la obra en sus corazones e inspirarlos a vivir y formar parte de Su Reino. Tu historia vale la pena y la calidad con la que la estés viviendo es vital. Así que no te detengas que a Jesús le importa. Haz que cada escena de tu vida cuente.

PD. Acompañando a estos párrafos dejo el video “A Portrait of Christ” de Jeremy Cowart, fotógrafo cristiano estadounidense de celebridades…. el cuál me inspiró y me llevó a preguntarme ¿Cómo describirías a Jesús hoy? y que al final me llevó a escribir esto.