¿De qué estamos hablando?

La oración del desayuno

El fin de semana pasado desayuné con mi mamá en casa. Cuando los alimentos estaban preparados nos sentamos a la mesa y mi mamá decidió orar por los alimentos. He de confesar que me he acostumbrado a que esta sea una oración rápida de agradecimiento porque podemos disfrutar de los alimentos que más nos gustan, sin embargo esta fue diferente.

Mi mamá comenzó a orar por la viuda que tiene que luchar por sus hijos para sacarlos adelante; por el huérfano que busca un pan para comer cada día ya que sus papás no forman parte de su ambiente. Comenzó a orar por el vagabundo y el drogadicto que vive en las calles que no tienen un futuro esperanzador. Comenzó a orar por los pobres que del salario mínimo hacen magia para llegar a fin de mes, por los desempleados que sufren de hambre porque no ha llegado el sustento a casa; por el enfermo que más que alimentos necesita medicinas y salud para poder ser el mismo de antes; por los que no tienen con quién compartir sus vidas y los que sufren por la pérdida de seres queridos.Dibujo

A la mitad de la oración yo dejé de orar y comencé a escuchar nada más. Me di cuenta que muchas veces nosotros exhibimos inconscientemente nuestro egocentrismo o es que a lo mejor hemos perdido la sensibilidad por el necesitado. A través de esta oración, sencilla de palabras pero muy profunda, pude ver lo que Jesús requiere de sus hijos.

El fin de semana pasado se sufrió mucho en los departamentos de Guatemala. El invierno no ha mermado y causó destrozos en familias y comunidades. Y en mi sociedad parece ser que hay  personas que ni siquiera están enteradas de esta situación. Como cristianos estamos llamados a mostrar el carácter de Jesús y creo que nunca deberíamos esperar a que las situaciones malas de la vida sucedan para poder cooperar. Con una oración podemos interceder por todas esas personas que sufren y con nuestros recursos, dones y habilidades podemos tomar acción en lo que podamos ayudar.

La oración del desayuno del sábado pasado me hizo reflexionar en que muchas veces disfruto de mi bendición de ser cristiano, pero el acomodamiento y mis propios intereses me han hecho ignorar a veces que esta carrera llamada vida no la corro solo, sino que hay muchas personas que pueden encontrar respaldo a través de mi testimonio y de mi accionar diario; de mostrar a Jesús con lo que soy.

Disfrutemos de la bendición de Dios y tomemos la responsabilidad de compartir dicha bendición con los demás… siempre.