¿De qué estamos hablando?

La razón detrás de lo que hacemos

Hoy hubo asueto en mi Guatemala. Cada 20 de Octubre se conmemora el “Día de la Revolución”. Para ser sincero, no tengo mayor memoria más allá de lo que me enseñaron en la primaria acerca de ello. Podría buscarlo en Google o consultar alguna fuente, pero no hay algo que cautive mi interés como para hacerlo. Voy más allá y me atrevería a preguntar si los adolescentes de hoy conocen los hechos de la Revolución del 44 y estoy seguro que lo único que saben es que hoy podía todo el mundo levantarse tarde y tomarse un break en medio de la semana laboral. Lo hacemos porque así está marcado que se debe hacer. Es un día feriado y pues hay que descansar.

Hace un par de semanas estaba leyendo el libro de Jueces en la Biblia y luego de la muerte de los grandes líderes que vivieron la liberación de Israel sobre Egipto y el viaje a Canaán, los descendientes fueron olvidando los hechos de Dios y lo fueron desligando de su propósito de vida, de nación. Desviaban su dirección del plan de Dios y sufrían. Dios los rescataba, había paz pero el pueblo volvía a pecar… una y otra vez. Las hazañas de aquel pueblo que cruzó el desierto para ver cumplir una promesa de un Dios invisible cada vez parecían más cuentos del folklore judío pero no una convicción en sus corazones.

Ambos pensamientos me llevaron a pensar en la Iglesia y en nuestras costumbres. Sobretodo porque de alguna manera estamos siempre preocupados en el cómo (en el caso de los que coordinamos o lideramos algún grupo, célula, congregación, ministerio, etcétera) más allá del por qué o la razón que debería amarrar o hacer funcionar todo. Veo a las personas que asisten cada fin de semana o a cada actividad congregacional y generalmente hay patrones a los cuales ya estamos acostumbrados: cantas, oras, das tu ofrenda, escuchas la prédica, compartes anuncios, cantas y oras un par de veces más y la rutina se repite casi siempre, vez tras vez. No estoy escribiendo en contra de la rutina (hoy no es el día :]) sino más bien, llevo esto a la pregunta si en realidad las personas que asisten regularmente a una reunión (incluyéndome) entienden la razón detrás de lo que hacemos, si existe una convicción la cual les permite disfrutar cada momento de comunión y celebración en la Iglesia.

Generalmente por experiencia propia, cuando pierdes el propósito de lo que haces o no tienes un enfoque claro acerca de lo que estás haciendo, tarde o temprano lo conviertes en algo rutinario o lo terminas dejando de lado o abandonando. Quizás suene extremista todo esto, pero a veces creo que la Iglesia está corriendo este riesgo, de acostumbrarse al hacer y hacer pero no reforzando la convicción que nos motiva a cumplir una misión más allá de nuestra humanidad.

Entender el por qué de la vida cristiana creo que no puede tener una definición común, pero sí un camino por donde comenzar a descubrirlo: Jesús.

Creo que este post no tiene final aún, pero por de pronto… dejo la tapa abierta para pensar y poder descubrir la razón detrás de lo que hacemos y en caso de que se nos vaya olvidando volver a recordarlo. Una y otra vez.