¿De qué estamos hablando?

Lámed – [ ל]

¿Qué es para siempre?

Las modas y tendencias que el ser humano ha conocido vienen y van. Los sentimientos y las ideas, son pasajeras; aunque algunas son puestos en acción, tienen fecha de expiración. Las biografías nos cuentan de personas que vivieron pero hoy ya no están, los héroes y tiranos también vienen y van. La paz y la guerra, eternas pasajeras. Alegrías y tristezas, sonrisas y llanto, lo que hoy es apreciado y mañana ya no, todo lo conoces tiene un límite.

Sin embargo hay excepciones, y una de ella es la Palabra de Dios. Como cristiano creo fervientemente en esto y se ha convertido en mi esperanza día a día.

Principios del siglo 1. Jesús termina su misión y emprende el viaje de regreso a casa, a la diestra del Padre. No dejó a un ejército para forzar al mundo a creer en Su Mensaje. No mandó a ángeles para continuar el siguiente capítulo del cristianismo. No, decidió confiar en sus amigos, imperfectos, llenos de temores y dudas quizás, pero con una pasión que este mundo no había conocido para demostrar que Dios y su plan eran reales. Jesús se fue y cualquiera pensaría que tal predicación iba a morir al ver todos los contras: eran un puñado de personas sin voz ni influencia, tenían que predicar aún con la contra del clero de su pueblo, contra otras culturas y contra un imperio que prohibía reconocer otro Señor que no fuera el César. Estaban solos, consideró el espectador del primer siglo, pero su misión no estaba empoderada en la voz humana o su influencia, estaba fundada en la Palabra de Dios, en el poder de Su Espíritu. Y al final, prácticamente todo lo que el cristiano del siglo primero conoció hoy ya no existe, más una cosa resultó ser verdad: El mensaje de Jesús continúa vivo y es para siempre.

Uno a uno los apóstoles dejaron esta vida terrenal sacrificando todo por anunciar Su Mensaje, creyendo en una promesa que no llegaron a ver cumplida,  los líderes de la Iglesia no conocieron el alcance de la influencia del mensaje de Su Maestro ni tampoco sus sucesores. Pasaron siglos, persecuciones, muertes, guerras y aunque las voces del siglo primero ya no existían, el Mensaje continuaba. Los encargados de comunicarlo en los siglos posteriores siguieron enfrentando oposición y tentaciones de mal usar dicho poder en Su Palabra pero aún en la época oscura de la Iglesia, una cosa fue luz: La Palabra de Dios.

Más de 20 siglos después y en un mundo que pareciera haber perdido el interés en el mensaje de Jesús. Una cosa sigue viva y seguirá hasta que sea cumplida la promesa de Dios de regresar: La Palabra de Dios.

Siglo 21: Las redes sociales nos permiten tener un alcance increíble para comunicar al mundo lo que creemos y en lo que confiamos (este blog es resultado de eso), sin embargo no será eterno. Los líderes que generaciones anteriores tuvieron, ya no están y los líderes de mi generación también dejarán de existir algún día. ¿Eso es motivo de preocupación? No lo creo, porque todo es pasajero, incluyéndome excepto la Palabra de Dios. Fiel a sus promesas, fiel a sus mandamientos, fiel a su propósito. Cada generación conocerá las bondades del amor de Dios a través de ella, hasta que Dios decida establecer su reino en la eternidad.

Que nos de paz saber esto: La Palabra de Dios y su fidelidad, Su amor y cada promesa se extiende de generación en generación. Nosotros y los que nos anteceden somos la prueba de que esto es real. Después de nosotros, aún después de que el mejor comunicador cristiano de mi generación muera, aún si se acabaren los líderes cristianos conocidos, Su Palabra aún permanecerá. Mientras hayan cristianos enfocados en anunciar Su Mensaje y que sus palabras tengan en ella su base, se conocerá su poder (y aún si hicieren falta, las piedras hablarán).

¿Qué hacer hoy? Celebrar. Celebrar la libertad que tenemos de anunciar Su Mensaje, celebrar contando nuestras historias de cómo la Palabra de Dios transforma, empodera, inspira y restaura a quien la acepta como Su credo, como la guía de Su vida. Celebrar que en ella, el mundo conoce de Jesús y su señorío y la oportunidad que sigue perpetua para la humanidad de ser parte del Reino de Dios.

El pasado ya no es, Su Palabra continúa. El presente algún día dejará de ser, más no Su Palabra. El futuro que mis ojos no verán no escapará del poder del Mensaje de Dios. Aún si pasan 100 años, aún si pasan 20 siglos más. Su fidelidad se extienden a cada generación. Todo tiene sus límites, pero la Palabra de Dios no conoce límites.

En esto creo.

“Tu eterna palabra, oh Señor, se mantiene firme en el cielo. Tu fidelidad se extiende a cada generación, y perdura igual que la tierra que creaste. Tus ordenanzas siguen siendo verdad hasta el día de hoy, porque todo está al servicio de tus planes. Si tus enseñanzas no me hubieran sostenido con alegría, ya habría muerto en mi sufrimiento. Jamás olvidaré tus mandamientos, pues por medio de ellos me diste vida. Soy tuyo, ¡rescátame!, porque me he esforzado mucho en obedecer tus mandamientos. Aunque los malvados se escondan por el camino para matarme, con calma, mantendré mi mente puesta en tus leyes. Aun la perfección tiene sus límites, pero tus mandatos no tienen límite.” – Salmo 119:89-96