¿De qué estamos hablando?

Lo nuestro… cuestión de amor.

Amar a Dios sin condiciones. Un ejercicio no tan sencillo, pero necesario.

    ¿Te has dado cuenta que casi siempre colocamos estándares y condiciones en nuestras vidas? Quizás no en todas, pero hay áreas que definen tu existencia donde te encontrarás con condiciones como: Si no te pagan como quieres, buscas un nuevo trabajo; si te dañan, te alejas; si no sabe rico, no lo comes… Si encuentras un hombro para llorar, entonces puedes confiar… Si vale la pena, te esfuerzas… Si no funciona… lo dejas.

Ahora toma un segundo, piensa en tu relación con Dios y contesta sinceramente… ¿Has colocado estándares, condiciones o expectativas respecto a cómo debe funcionar tu relación con Dios? Seré un poco más objetivo y preguntaré: ¿Cómo reaccionarías si Dios permite que pases una prueba o situación difícil en algún punto de la vida? ¿Te sentirías defraudado si Dios no actúa como lo habías supuesto?

Escribo esto, porque a  mis 24 años me he dado cuenta que llegan momentos en la vida donde descubres que la Voluntad de Dios va más allá de lo que nosotros podemos imaginar o soñar. Momentos en donde realmente entendemos lo que significan los planes de Dios. Planes fuera de la concepción humana, donde el fracaso y el éxito son peldaños de una misma escalera que Dios te invita a subir para que vayas formando el carácter y encontrando el propósito de tu vida. Aquí el problema no es Dios y sus planes, somos nosotros y nuestro egoísmo y enfado cuando las cosas no suceden como queremos. Por lo que pregunto, ¿Amamos a Dios de manera de condicionada? ¿Si Dios no cumple tus estándares, lo dejas y te vas?

  Escribo esto recordando la historia de 3 jóvenes judíos relatada en Daniel 3. Si vemos sus vidas, jóvenes intachables, ejemplos a seguir, jóvenes que aman a Dios en medio de un pueblo extraño. Sus perfiles de vida nos hacen juzgar que no merecen sufrir, porque la integridad y amor por Dios es su carta de presentación. Sin embargo en Daniel 3 se describe a estos amigos en medio de una prueba, donde la decisión a tomar es de vida o muerte… ¿Desearon ellos sufrir o la prueba? No lo creo. ¿Se alegraron al saber que morirían si no obedecían al rey de Babilonia? Seguro que no. ¿Amaron a Dios en esta situación? De la misma manera en que lo hacían siempre.

El final del relato nos muestra que Dios actuó en el momento justo y la prueba por la que estos personajes pasaron, fue una oportunidad para proclamar el poder y la autoridad de Dios sobre sus vidas. Pero lo que me impacta de esta historia es la determinación de estos jóvenes… no movidos por lo que Dios hiciera en sus sueños, sino que amaban a Dios porque esa era la única razón de seguirle… por amor. Aún si Dios no los hubiese salvado, ellos estaban dispuestos a morir, pero amando a Dios: “…Sadrac, Mesac y Abed-nego le respondieron: –Su majestad, eso no es algo que nos preocupe (su problema: Morir por negarse a adorar a otro dios). Si el Dios que adoramos así lo quiere, es capaz de librarnos del fuego y del poder de Su Majestad. Pero aún si no quisiera hacerlo, nosotros no pensamos adorar esa estatua de oro.” – Daniel 3:16-18 TLA

Nuestra relación con Dios no debe estar condicionada a nada. Nuestra relación con Dios funcionará por puro amor y nada más que eso. No podemos ajustar nuestra relación con Dios a promesas cumplidas, favores otorgados o que te ayude con el examen de matemática de mañana por la mañana. No podemos condicionar a Dios a nuestros planes porque son imperfectos y fuera de su concepción. No podemos condicionar a Dios a nuestros términos porque si lo hacemos saldremos defraudados y nos daremos cuenta que el amor no es el primer lugar entre Dios y yo. Tenemos dos caminos: Tirar la toalla y acomodarte o aprender a Amar sin Condiciones.

Casi todo lo que escribo acá ha sido producto de mi aprendizaje como cristiano. Confieso que en más de algún momento me he sentido frustrado porque no logro entender a Dios y su manera de actuar. He llorado cuando mi espera se hace mucho más larga, he desconfiado al ver que el plan de Dios es fuera de mi realidad y me ha costado asimilar ver como sufren los que amo y ver que Dios al parecer está en silencio.

Pero este mismo aprendizaje me ha enseñado que Dios desea con todo su ser en cada encuentro conmigo, que yo lo reciba con una sonrisa y me despida con la satisfacción de que estará conmigo aunque no lo vea ni entienda muchas veces como trabaja. He aprendido a que Él lo primero que hizo fue amarme y me diseñó para amarlo. Sin esperar nada a cambio, sin condiciones. He aprendido que las pruebas son maneras en que Dios trabaja e incluso repara mi corazón y me hace más fuerte. He aprendido que mi historia es el puente que Dios usará para mostrar a otros que se puede superar todo de Su mano. He aprendido que Dios necesita sorprendernos y que sus tiempos no son mis tiempos. He aprendido que Dios es Dios y su mayor fuerza trabajando en mí es Su Amor.

Yo nunca le he pedido pasar pruebas, dificultades o malos ratos… pero aún si me toca enfrentarlas y aún si viniesen en mi futuro, realmente deseo con todo el corazón aprender a amar a Dios sin condición; realmente mi oración es que mi generación pueda amar a Dios con la misma fuerza en los momentos alegres y en las tormentas de la vida. Aprender amar a Dios a través de tiempos genuinos de adoración y de darle gloria a Él, no por lo que Él ha hecho o debe hacer en nosotros… sino simplemente por lo que Él es.

Y así con el pasar de los días, la gente pueda ver en nuestra relación con Dios, que lo nuestro… es cuestión de amor.