¿De qué estamos hablando?

Mi historia es útil

Steve Jobs, uno de los hombres que aportó mucho al mundo que hoy conocemos, pronunció en el 2005 en la Universidad de Stanford en Estados Unidos un magnífico discurso cuya tesis podría resumir en lo siguiente: Nuestra vida es una sucesión de conexiones, de puntos que al entrelazarse nos definen. Jobs hablaba de la historia de su nacimiento, donde sus padres biológicos lo entregaban en adopción a cambio de que le fuera proporcionada una oportunidad para acceder a una carrera universitaria. Hablaba de como abandonó la universidad y una serie de experiencias y aprendizaje fuera de ella le permitieron hacer de Apple lo que es hoy. Hablaba de cómo fue retirado tiempo después de su propia compañía y al regresar, produjo un cambio único en la tecnología.

Steve Jobs mencionaba que esos puntos, historias que te definen, generalmente no se pueden entender en tiempo presente, pero con los años, al ver hacia atrás, entenderías el valor que produjo en ti.

Y esos puntos generalmente están conectados, pegados, unidos por la esencia que empuja tu vida. Para Jobs, podríamos decir que el pegamento que conectaba sus historias era su ambición por ser relevante (“Let’s make a dent in the Universe!”), su necesidad de innovación, de pensar fuera de la caja, de olvidarse de los competidores y concentrarse en ser único.

Nuestra vida es esa sucesión de eventos que desde la niñez van definiendo nuestra biografía. Cuando aprendes a caminar, tus primeras palabras, el primer amor, el día en que sabes con quién quieres pasar el resto de tu vida, tu graduación de la Universidad, tu primera empresa… Nuestra vida es esa colección de lágrimas y sonrisas, de celebraciones y lutos… Nuestra vida es ese conjunto de sueños que nos mantienen pensando en el futuro y también de esos momentos en donde salimos a hacer realidad nuestras pasiones… Nuestra vida es ese conjunto de errores, fracasos, pecados y también la suma de las decisiones que has tomado por alejarte de quien no debes ser.

Y en esos eventos que nos han definido, ¿Qué los conecta? ¿Qué les da sentido?  “El dolor” responderán algunos, enfocándose en esos momentos que los alejó de la felicidad. “La ambición” quizás mencione alguien, mientras celebra el éxito de victorias de antaño. Otros mencionarán la esperanza de encontrar su propósito, quizás algunos imiten a Jobs en su motivación.

Todos estamos hechos de historias. Eventos que nos marcaron para bien o para mal. Algunas situaciones aún no las podemos explicar. Otras al ver hacia el pasado comienzan a tener significado, sentido… Y vuelvo a preguntar, ¿Qué las une? ¿Qué es lo que da significado a los momentos tristes y alegres de mi vida?

En mi biografía, la respuesta a esta pregunta la encontrarán en una decisión que tomé a mis 11 años en una mañana de noviembre de 1998: Jesús se convirtió en el Señor de mi vida. Y por ello, hay una esperanza que me permite vivir en paz, aún si no entiendo muchas cosas que han sucedido en mí, aún si hay situaciones presentes con las que me cuesta lidiar. Sé que algún día, en algún momento de la eternidad, todo, absolutamente todo, cobrará sentido bajo la perspectiva del fiel amor de Dios.

Y sé algo más, mi historia le es útil a Dios. El escritor del Salmo 107,  nos hace un recordatorio sobre lo que podemos hacer con lo hasta hoy vivido: Agradecer la bondad y gracia renovadora del amor de Dios y hablar de ella, siempre. Este Salmo es una colección de historias, de eventos que definieron la vida de muchas personas, pero que en su confianza en Dios encontraron la solución sobre las dificultades y pruebas. “¡Hablen con libertad!” exclama el poeta en la introducción del Salmo mientras inicia su repertorio.

Tu testimonio, tu biografía aún con partes en proceso de cobrar sentido, es un material valioso para Dios. Porque en tu historia está el amor de Dios, porque en tu historia pueden muchos observar cómo Dios puede restaurar corazones, sueños y vidas completas. En tu historia se podrá observar que Dios es real, que Dios es soberano y que Su amor es aún una oferta en un mundo corrupto y alejado de Su realidad. Quién mejor que nosotros mismos que hemos vivido todo tipo de crisis, experiencias y aprendizajes para comunicar la salvación que Dios provee día a día y que su Gracia nos renueva siempre.

Toma con agrado y disposición la oportunidad que Dios te da de presentarlo al mundo a través de lo que has vivido. Es uno de los mayores honores para sus hijos. Porque siempre podrás decir como el salmista, “Los sabios tomarán todo muy en serio; verán en nuestra historia el fiel amor del Señor” (Salmos 107:43 NTV).

Quizás no tengamos todas las respuestas a nuestra vida hoy, pero sí sabemos qué le dará sentido a todo lo que somos: el perfecto e infinito amor de Dios. Al final, Él unirá los puntos… Y esa, es una razón para compartir.