¿De qué estamos hablando?

No tan lejos del “Club de los 27”

Más que una crítica a la vida de Amy Winehouse, es una crítica hacia mí mismo…

El fin de semana pasado lo pasé en una región montañosa del sur de la región metropolitana de Guatemala por lo que no pude tener acceso a las redes sociales a través de mi teléfono. Cuando regresaba del viaje a una localidad con conexión a redes sociales, me enteré de la muerte de Amy Winehouse. Para ser sincero nunca escuché su música pero muchas personas a mi alrededor hablaban de la belleza de su voz y su potencial para brillar con su talento. Yo la conocí porque aparecía frecuentemente en los escándalos que la prensa sensacionalista presentaba. El mundo lamenta la pérdida de una artista con un gran potencial… las adicciones pudieron más que su talento. 

  Su muerte recordó a muchos el mito del “Club de los 27”, asociando a muchas otras estrellas que no pasaron de esta edad y que murieron por causa de sus adicciones a drogas y el alcohol aunque algunos por situaciones extrañas. Escuchamos de Jimmi Hendrix o de Kurt Cobain, quienes eran líderes en sus generaciones y en su arte pero que murieron jóvenes dejando a muchos con la pregunta de qué hubiese sido de ellos si hubiesen llegado a viejos. Seguro que tenían mucho más que aportar.

Pienso en esto porque quizás la mayoría de los que lean este post no tienen problemas con el alcohol, drogas o algún otro tipo de adicción que ponga en riesgo sus vidas. Pero al mismo tiempo que los grandes del “Club de los 27”, tenemos talentos, tenemos sueños y un propósito de la vida que estoy seguro tenemos el potencial de cumplir. La mayoría de ellos se despidieron de este mundo, de sus sueños y de su influencia porque no pudieron controlar sus adicciones, tal vez porque antepusieron su placer inmediato a desarrollar vidas que le permitieran crecer y llegar a aportar aún mucho más al mundo en sus artes y en sus vidas.

Digo que no estamos muy lejos de pertenecer a este club porque muchos aunque no dejamos este mundo, sí dejamos morir nuestros sueños, nuestros talentos y nuestro potencial, quizás no por adicciones pero sí por el miedo al fracaso, por la indecisión de comenzar aún sin tener todos los recursos o porque somos fanáticos del “estar bien”  a “estar mejor”.

Personalmente he conocido personas con un gran potencial que hoy se ve reducido a simples “ideas de la juventud” y que hoy dedican su vida a subsistir en el mundo más que vivir por una misión que realmente importa. Son portadores del “si tan solo hubiera…” y conocedores de las excusas que tanto vos como yo hemos utilizado para engavetar sueños, anhelos y emprendimientos.

Hoy la pregunta que me hago a mí mismo es, ¿Hay partes de mi vida que estoy descuidando que están haciendo que mis sueños, que mis pasiones e intereses pierdan la fuerza que me hace vivir pensando en un futuro mejor? ¿Hay puntos de mi vida que necesitan disciplina para crecer y alcanzar el potencial que muchos ven en mí o que yo mismo sé que puedo obtener? ¿Hay hábitos inofensivos que estoy alojando en mi vida que me cobrarán la factura en un plazo futuro?

Realmente yo quiero ser conocido por formar parte de una generación de hacedores de sueños y no solo de formuladores de fantasías que jamás se concretaron, quiero ser de aquellos que conocen sus fortalezas para alcanzar el éxito y la plenitud pero que también cuidan sus debilidades e incluso comodidades para no quedarse en un punto donde su potencial solo llegue a ser un recuerdo de lo que “pudimos llegar a ser”. Algunos como Amy, Kurt o Jimmi se despidieron antes de cerrar el telón de sus vidas… yo que sigo acá tengo el chance de tomar un respiro y saber en qué punto estoy. Estamos tan cerca o tan lejos del club de los que fracasan o tienen éxito en la vida como decidamos estarlo.

Hoy que puedes, decide bien.