¿De qué estamos hablando?

No

Pregunto: ¿Cuántos años vas a seguir escribiendo las mismas metas cada 31 de diciembre?

Enero del 2012 ya pasó a la historia y con él, la famosa “Cuesta de Enero”. En mi opinión hacemos de Enero el mes más optimista, entusiasta y enérgico de todos. Nos proponemos metas geniales, capaces de mover el mundo a un mejor lugar. “Bajar de peso”, “leer mi lista de libros en espera”, “terminar la universidad”, “escribir un libro”, entre tantas opciones de metas que guardamos en el corazón y que compartimos con muchos.

El problema de soñar en Enero es que generalmente la acción sobre tus metas no es tan sencilla como pensarlo. En algunas áreas te requerirá levantarte más temprano, seguir un horario, entregar cuentas de tus acciones, sacrificar viejos hábitos o salirte de tu status quo y ahí es donde Enero pierde su fuerza hasta ignorar cada ideal por completo. Seguro te ha pasado y por supuesto que me ha pasado a mí.

Uno de los artículos más interesantes que leí en esos momentos de procrastinación surfeando en la web fue el experimento “My One Word” (el cual puedes leerlo a fondo acá), el cual básicamente consiste en sustituir esas largas declaraciones de metas que nunca te aprendes y abandonas en un cuaderno, en una hoja o en un archivo en tu computadora; y sustituirlas por una sola palabra que te permitirá definir el camino a seguir. Para mí, esto me parece genial, ya que me permite actuar con un enfoque claro de hacia dónde debo ir. Así que mi palabra declaratoria de avance para este dos mil doce es: NO.

Quizás de esta monosílaba siempre veamos el contexto negativo pero para mí es todo lo contrario. Porque significa muchas veces renuncia, pausa, sacrificio, límites quizás, pero el resultado será aceptación, avance, logros y libertad en las áreas que necesito crecer. Hay metas que año con año me he forjado como mejorar mi condición física, escribir un libro que llevo en el corazón desde el 2010, seguir un plan devocional aún mejor que el año pasado y dedicarme a leer la larga lista de libros que tengo en espera. Cada 31 de diciembre estas metas aparecen en mi viejo cuaderno pero he decidido hacer el máximo esfuerzo para que hayan sido escritas por última vez.

Porque cada vez que le digo NO a la comodidad del sofá al regresar al trabajo es un SÍ a una hora de ejercicios que me permitirá ser mejor que ayer. Porque cada vez que le digo NO a la tentación, es un paso adelante hacia una vida de integridad. Porque cada vez que le digo NO a la comida rápida es un Sí a la dieta que necesito llevar. Porque cada vez que le digo NO a una idea, cita o plan que está fuera de mi enfoque es un SÍ a las metas que tengo que cumplir. Porque cada NO que le doy a la procrastinación es un SÍ a la productividad. Porque cada NO al cómodo “bueno” que nos detiene es un paso a lo mejor que siempre me espera.

De las metas y sueños creo que podríamos hablar mucho. La Biblia nos enseña bastante de ellos, existen infinidad de libros sobre ello, pero en toda la enseñanza siempre encontrarás que vas a necesitar un enfoque y actuar en pos de ello.

Hay sueños cumplidos en mi historial que solo han sido posibles por la Gracia sobrenatural de Dios y esos momentos que no comprendes pero a la vez sabes que Dios estuvo presente. Pero existen otras metas, esos pasos que necesitas dar en tu vida cotidiana, donde requieren tu acción, tu decisión, tu sacrificio, y en mi caso, decir NO, para vivir un mejor presente… y sé que ahí también actuará la gracia de Dios, quizás no de manera sobrenatural que roce lo fantástico, pero sí para apoyarte en tus hábitos, en tus pequeños sacrificios, en sacarte esa sonrisa o darte razones para continuar y no parar.

Creo que ha llegado el tiempo de hacer tu vida mejor. Dios estará contigo pero requiere tu acción, tu decisión. Requiere dejar de soñar y comenzar a vivir el sueño. Cueste lo que cueste, porque… ¿Cuántos días más te verás al espejo hasta cambiar lo que sabes que puedes cambiar? ¿Cuánto tiempo más te vas a tomar para sacar la tristeza y la frustración que llevas dentro al ver que el cambio no viene? ¿Cuánto más el mundo debe esperar a que te decidas ser mejor que ayer? ¿Cuántos días más te dedicarás a soñar y fantasear sabiendo que ya puedes comenzar a trabajar en tus anhelos? ¿Cuántos días vas a gastar para decidirte renunciar a tu comodidad y seguir el propósito para el cual Dios te creó? ¿Cuántos años de tu juventud se irán sabiendo que no los dedicaste en tus más preciadas pasiones e ideales? ¿Cuán interesado estásen agregar valor, hechos e historias dignas de contar al legado que hasta ahora tienes?… Repito: ¿Cuántos años vas a seguir escribiendo las mismas metas cada 31 de diciembre?