¿De qué estamos hablando?

Nuestra historia tiene mucho que decir

Durante muchas etapas de la vida me he preguntado por qué Jesús al ascender a los cielos nos encomendó la misión de comunicar su mensaje al mundo entero hasta que Él regrese. No soy pesimista con la humanidad pero no es difícil identificar cuán imperfectos somos, cuánto nos cuesta ponernos de acuerdo, cuán fácil es hacer que los pueblos hermanos se dividan. No podemos esconder que aquella pasión que la Iglesia primitiva durante muchos siglos fue cambiada por ambiciones de poder y ocasionó divisiones que nos alejaron de lo que nos fue encomendado. No podemos negar que en pleno siglo 21, aún no tenemos el perfil ideal para ver cumplida la orden dada por nuestro Señor.

¿No era más fácil mandar a los ángeles por todo el mundo anunciando el plan de salvación de Dios?

Quizás desde el punto de vista práctico hubiese sido la mejor opción pero ahora que lo reflexiono… para creer en un mensaje de un Dios invisible que anuncia un plan eterno de salvación y restauración, necesitamos evidencia, necesitamos de testimonios que vivan bajo esa esperanza y en eso aventajamos a los ángeles, nadie más que nosotros mismos podemos mostrar como una vida terrenal y llena de imperfecciones puede ser transformada por tal mensaje.

Y que nosotros seamos después de todo, la mejor alternativa, es realmente genial.

Somos cristianos y tenemos la oportunidad de vivir una relación real con Dios. Somos imperfectos sí, pero en nuestras vidas abunda la gracia y el poder de Jesús. Nuestras vidas y testimonios pasaron de ser historias sin solución a nuevas oportunidades. ¿Cuántas veces no hemos escuchado como Dios fue el agente principal de familias restauradas, de adicciones rotas, de milagros y sanidades, de propósitos renovados, de nuevos comienzos y nuevos sueños?

Es ahí la importancia de tomar responsabilidad de mostrar nuestra fe al mundo entero. He ahí la necesidad de tomar la misión de Dios y hacerla viva aquí, allá, ahora. Dios transformó nuestras vidas y nos ha provisto de dones y talentos que son necesario usarlos, gastarlos, entregarlos al servicio de Él y nuestras sociedades. No hay mejor alternativa de predicar el mensaje de Jesús que con nuestras vidas mismas.

Nuestras vidas valen. Nuestras historias cuentan. Nuestros talentos son el medio para comunicar que una relación con Dios es algo posible y real. Así lo pensó Jesús. Tenemos su aprobación y respaldo… No hay razón para callar lo que Él ha hecho en nosotros. Somos sus hijos, somos Su reino, somos sus embajadores. No hay tiempo que perder.

No cuestiones si tienes lo necesario para servir a Dios y cumplir su misión; lo primero y más importante que necesitas es disponibilidad y el deseo de hacerlo. Ya con eso, Dios proveerá para el resto y te preparará para los retos.

Mi deseo es que mi generación repita las palabras del profeta Isaías “heme aquí, envíame a mí…” y cumplamos con lo que se nos fue entregado, que no desistamos de ir tras la corriente de un mundo egoísta y superficial, que no busquemos solo nuestro beneficio sino en nuestra misión encontrar que es entregándonos al servicio de Dios como el propósito divino se va cumpliendo, que podamos tener el mismo deseo que San Francisco de Asís expresó en esta oración, 8 siglos después, tan vigente:

Oh, Señor, hazme un instrumento de Tu Paz .
D
onde hay odio, que lleve yo el Amor.
D
onde haya ofensa, que lleve yo el Perdón.
D
onde haya discordia, que lleve yo la Unión.
D
onde haya duda, que lleve yo la Fe.
D
onde haya error, que lleve yo la Verdad.
D
onde haya desesperación, que lleve yo la Alegría.

D
onde haya tinieblas, que lleve yo la Luz.

Oh, Maestro, haced que yo no busque tanto ser consolado, sino consolar;
ser comprendido, sino comprender;
ser amado, como amar.

Porque es:
Dando , que se recibe;
Perdonando, que se es perdonado;
Muriendo, que se resucita a la
Vida Eterna.