Para quienes decidieron estar lejos de casa…

No escribo esto pensando en alguien especial, puedes ser vos, tú, usted… ellos.

Aquellos quienes se encontraron con Dios en un momento de dificultad, desesperanza, prueba o dolor. Aquellos que conocieron a Jesús a través de un grupo de amigos, una congregación, un libro, un mensaje, historia, testimonio y decidieron que querían ser parte activa. Y con una oración, una decisión, decidieron hacer público que reconocían a Jesús como el Señor de sus vidas.

Aquellos que llevaban más cargas de las que su vida y propósito podían llevar. Desesperados por dirección, por una respuesta, se encontraron en algún punto de su historia con Aquel quien se presentó como El Camino, La Verdad y La Vida. Y así, con la decisión de seguirlo, comenzaron Su viaje con Él.

Aquellos que navegaron en lo caudaloso que puede ser la soledad o la pérdida de aquellos a quienes amabas y que en una decisión, personal y única, decidieron dejar el duelo a cambio de una nueva vida.

Aquellos que quizás no pasaron lo que se podría describir como una prueba, pérdida o fracaso, más bien, vivieron toda su vida conociendo a Jesús, desde nacimiento, técnicamente, lo cristiano venía en el paquete, incluido de su biografía.

Aquellos que conocieron a Jesús en algún momento de su historia, bueno o malo, quienes decidieron seguirlo… pero en algún punto del viaje, decidieron que tal compañía era prescindible. Y hoy no están ante la presencia de Su Padre Eterno. Del mismo modo que decidieron llamarle Señor, también decidieron hacer una pausa, ver si en esta vida había algo más…

Escribo esto, no para llamar tu atención, mucho menos regañar o reprenderte por tus decisiones. Yo no conocí los motivos para decidir marcharte, quizás las diste, quizás diste excusas hasta pasar desapercibido, quizás pensaste que tu etapa como cristiano había finalizado y que era mejor salir por la puerta de atrás.

A lo mejor y esa prueba que te hizo refugiar en los brazos de Dios siguió, quizás más fuerte y pensaste que esperar y esperar no iba contigo. A lo mejor la rutina cristiana se te hizo aburrida y pensar en la palabra “sacrificio” resultaba tedioso. A lo mejor no fue tanto entre Dios y vos, sino entre vos y los que tenías a tu alrededor, descubriste que aún en las congregaciones cristianas hay personas que fallan, que hieren, que olvidan y que incluso dan la espalda cuando más lo necesitas. No puedes escapar del hecho que a donde quiera que vayas, habrá gente imperfecta.

A lo mejor ibas decidido por el camino de seguir a Jesús, llamarte su discípulo pero encontraste la tentación del viejo vicio del cual habías escapado. Y cediste, no una, sino varias veces más, “¿Regresar así ante Dios? – Imposible. ¿Confesarlo y pedir ayuda? No va a poder ser. Me juzgarán.”, y así te alejaste de lo que te llenaba de vida.

A lo mejor viviste toda tu vida de domingo a domingo, desde niño llevar una agenda religiosa puede ser tedioso y aburrido. Conocías de sobra a Jesús y ver que nada extraordinario sucedía contigo, te llevó a dudar si realmente este es el camino para tu satisfacción. Y encontraste que hay muchos caminos más que prometen algo “mejor y más atractivo” que Jesús, que te dan el sueño americano. Y viste que te “escapabas” una vez de seguir a Jesús y no pasaba nada, dos y tampoco… ¿por qué no hacerlo toda la vida?

Si la Iglesia te falló, quisiera pedirte perdón. Somos tan imperfectos como cualquiera. CS Lewis escribió alguna vez que aún el pecador más grande tiene mayores posibilidades de entrar al cielo que el hipócrita que se sienta domingo a domingo en la iglesia.  No es más cristiano el que llena su cartilla de asistencia domingo a domingo, pero al mismo tiempo, es tan necesario en este estilo de vida, el tener una comunidad. Somos gente que necesita todos los días la Gracia de Dios, para que abramos los ojos y para que realmente sigamos a Jesús, en mente, corazón, hechos. Si la iglesia te falló, puede que lo vuelva a hacer. Pero por favor, no pongas la mirada en nosotros, sino en Jesús. Si la Iglesia te ignoró en tus dudas o te dio la espalda, por favor, no pongas la mirada en nosotros, sino en Jesús. Aún en nuestras imperfecciones estoy seguro y oro a Dios porque encuentres gente que realmente quiere mostrar el amor y la comunión que Jesús primeramente nos dio. Gente auténtica que escucha, respeta y que cuando pidas una mano, te ofrecen las dos.

Si esperaste mucho y no viste respuestas divinas, quisiera decirte que aguardes una vez  más. Porque Dios responde con milagros, pero también con procesos (y esos no gustan, pero si eres paciente, también transforman, guían, empoderan, te hacen parecerte a Él).

Si te cansaste de la religiosidad y pensaste que el camino que ahora sigues es mil veces mejor, una vez más te pediría que vuelvas tus ojos a Jesús. Él va más allá de asistir dos horas cada domingo a un salón, Él desea una relación de tú a tú… y está aún en disposición que así sea.

Si fracasaste en materia de santidad, de integridad. Si fallaste a alguien que amabas, a vos mismo…. quiero decirte que yo también lo he hecho y no solo una vez. Pero el perdón que Dios ofreció la primera vez, está disponible para quien busca siempre los brazos de Dios y levantarse para seguir adelante, hacia lo eterno, hacia lo que perdurará. El mismo perdón que me ha sido dado, espera por vos.

No escribo esto para darte mil razones para regresar a Dios. Tampoco lo escribo con aires de diferenciar a los que siguen en una iglesia de los que se fueron. Mucho menos para juzgar. Respeto cada una de las historias y estoy seguro que Dios también.

Estas palabras, más bien, son un recordatorio. Donde quiera que estés, sin importar lo mucho o poco que te hayas alejado de Dios. Hay algo que no debes olvidar:

 SIGUES SIENDO HIJO DE DIOS. SIGUES SIENDO LA RAZÓN DE SU AMOR. SIGUES SIENDO ALGUIEN CON UN PROPÓSITO ETERNO. Y LA MISMA GRACIA QUE HIZO QUE TE ENCONTRARÁS CON DIOS EN ALGÚN PUNTO DE TU VIDA… SIGUE TAN DISPONIBLE COMO LA PRIMERA VEZ.

 Sigues siendo amado, sin importar las heridas, el dolor, el pecado. Sigue habiendo suficiente gracia para regresar a casa, a los brazos de Dios. Sigue habiendo suficiente gracia para emprender el viaje de regreso a donde puedes realmente vivir a plenitud. Sigue habiendo suficiente gracia para retomar el plan de Dios donde lo dejaste. Que si tienes dudas, así te acepta. Que si tienes vicios, así te acepta. Que si regresas herido o peor de como te encontró, así te acepta. Que si tienes miedo-enojo-dolor de que los cristianos te vuelvan a fallar, oro a Dios porque tus ojos estén puestos en Él y porque encuentres una comunidad sana, auténtica, imperfecta pero intencional en aprender a ser como Jesús.

Seguir a Jesús fue tu decisión. Los motivos que te llevaron a alejarte de Él, también. ¿Regresar? También lo será.

Y la gracia de Dios para hacerlo, será suficiente. Como la primera vez.

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