¿De qué estamos hablando?

Para siempre.

En nuestra vida, hay cosas que no cambian. El color de tus ojos, los lunares sobre tu piel, la forma de tu sonrisa, el tono de tu voz, tus huellas digitales, tus dones y habilidades son cosas con las que naciste y te acompañaran hasta el último de tus días. Para siempre.

Asimismo, eres dependiente para siempre del aire que respiras, los latidos de tu corazón, del agua, la luz y lo que hacen tus días. Y sí, también vas a estar acompañado de personas en este viaje de la vida: tu familia, tu mascota, tus vecinos y compañeros de trabajo, tus mejores amigos, tu esposo o esposa y con el tiempo tus hijos, tus nietos…

No necesitamos que nos recuerden que habrán cosas que estarán siempre ahí, si es algo que consumimos o que invertimos, si es algo que vemos y sentimos. No necesitamos ser recordados que siempre habrán nuestras personas alrededor porque las podemos ver y porque nos relacionamos con ellas. Sin embargo en este caminar como hijo de Dios, hay algo que en mi caso, necesito recordar cuando en dificultades y pruebas me encuentro… algo que es eterno y del cual dependo a cada instante: El amor de Dios.

Quizás no necesitas recordarlo cuando las situaciones en tu vida van acorde a lo que esperas; pero siempre aparecerán momentos en donde la prueba, los problemas, dudas e incertidumbre ciegan tu fe y pienses que vas solo y es ahí en donde el ruido del temor debe ser apagado a través de recordar que el amor de Dios perdura para siempre; en todo momento, lugar y situación.

Para momentos así, creo que no hay mejor decisión que regresar a Su Palabra. Es ahí donde mi alma y espíritu encuentran la esperanza para creer y recordar que Dios me ama siempre, sin importar la situación.

En la Biblia encuentras muchas historias, cartas, parábolas que hablan de la infinidad del amor de Dios, pero hoy quisiera poder presentarte uno de mis salmos favoritos que en una frase encierran el mensaje de esperanza para días difíciles: “¡Su gran amor perdura para siempre!”

El escritor del Salmo 136 nos invita a ver más allá de los problemas y poder apreciar que el amor de Dios está siempre presente. Nos invita a detenernos a apreciar la perfección de la creación de Dios y que fue hecho a través de su amor. Luego toma un momento para recordar los hechos históricos de su nación Israel y reconoce que Dios produjo hechos milagrosos y victorias a causa de su gran amor y en la parte final nos invita a confiar en tres declaraciones: “Al que nunca nos olvida, aunque estemos humillados… al que nos libra de nuestros adversarios… al que alimenta todo ser viviente…”, cerrando cada versículo con un grito de alabanza a nuestro Dios: ¡Su gran amor perdura para siempre!

No quiero ser de los que se enfocan en los problemas, sino de los que a cada momento recuerdan que no están solos, ya que tenemos puesta nuestra fe, visión y sueños en Aquel que quizás no podemos ver pero toda la creación y cada hecho victorioso en la vida nuestra y de quienes compartimos es la máxima evidencia de cuán presente está y de cuánto nos ama. Yo quiero ser de aquellos que confían en que Su gran amor perdura para siempre:

1Den gracias al Señor, porque él es bueno;
su gran amor perdura para siempre. 2 Den gracias al Dios de dioses;
su gran amor perdura para siempre. 3 Den gracias al Señor omnipotente;
su gran amor perdura para siempre. 4 Al único que hace grandes maravillas;
su gran amor perdura para siempre. 5 Al que con inteligencia hizo los cielos;
su gran amor perdura para siempre. 6 Al que expandió la tierra sobre las aguas;
su gran amor perdura para siempre. 7 Al que hizo las grandes luminarias;
su gran amor perdura para siempre. 8 El sol, para iluminar el día;
su gran amor perdura para siempre. 9 La luna y las estrellas, para iluminar la noche;
su gran amor perdura para siempre. 10 Al que hirió a los primogénitos de Egipto;
su gran amor perdura para siempre. 11 Al que sacó de Egipto a Israel;
su gran amor perdura para siempre. 12 Con mano poderosa y con brazo extendido;
su gran amor perdura para siempre. 13 Al que partió en dos el Mar Rojo;s
su gran amor perdura para siempre. 14 Y por en medio hizo cruzar a Israel;
su gran amor perdura para siempre. 15 Pero hundió en el Mar Rojo al faraón y a su ejército;
su gran amor perdura para siempre. 16 Al que guió a su pueblo por el desierto;
su gran amor perdura para siempre. 17 Al que hirió de muerte a grandes reyes;
su gran amor perdura para siempre. 18 Al que a reyes poderosos les quitó la vida;
su gran amor perdura para siempre. 19 A Sijón, el rey amorreo;
su gran amor perdura para siempre. 20 A Og, el rey de Basán;
su gran amor perdura para siempre. 21 Cuyas tierras entregó como herencia;
su gran amor perdura para siempre. 22 Como herencia para su siervo Israel;
su gran amor perdura para siempre. 23 Al que nunca nos olvida, aunque estemos humillados;
su gran amor perdura para siempre. 24 Al que nos libra de nuestros adversarios;
su gran amor perdura para siempre. 25 Al que alimenta a todo ser viviente;
su gran amor perdura para siempre.

26 ¡Den gracias al Dios de los cielos! ¡Su gran amor perdura para siempre!