¿De qué estamos hablando?

Pensaste en mí

¿Cuántas veces has leído Mateo 28:19-20?: “Por lo tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Enseñen a los nuevos discípulos a obedecer todos los mandatos que les he dado…”, más que las últimas palabras de Jesús a sus apóstoles, es la misión que Dios dejó mientras regresa a Su Iglesia, a su pueblo, a sus hijos, una misión que dejó a vos y a mí… a todos.

Y muchas veces al leer este versículo, me pregunto,

¿Por qué nosotros?

¿Acaso no era más fácil enviar a sus ángeles por los cuatro puntos cardinales anunciando Su Mensaje? ¿Acaso no era más sencillo que toda la tierra escuchara el resonar de Su voz desde el cielo para que nos arrepintiéramos de nuestros pecados? ¿Acaso no era más fácil que en su omnipotencia se apareciera a cada tribu y nación y diera las razones de por qué seguirle? ¿Acaso no era más fácil acabar con el mal de una vez por todas y llevarse a su pueblo al cielo?

¿Por qué Jesús, por qué antes de irte pensaste en nosotros para anunciar tu mensaje, por qué en este tiempo, en esta generación, has pensado en mí?

Mírame Jesús, soy un hombre común y corriente, con defectos, con temores, con batallas que estoy peleando para vivir por ti, tan solo mi propio camino me es difícil y me pides que encima de todo, anuncie tu mensaje, a una generación que te está ignorando, a una sociedad que va tras la búsqueda de sus placeres y no de tus deseos. ¿En verdad crees que mi voz, mi talento, mi vida, mis acciones son suficientes?

Surgen muchas dudas y temores al recordar Sus últimas palabras y la verdad…, uno, dos, tres, cuatro, cinco segundos no son suficientes para pensar en tal carga…. parece muy grande, algo muy retador, pero es ahí donde recuerdo que a tal misión la acompaña una promesa, Mateo 28:19-20 termina diciendo: “Y tengan por seguro esto: que estoy con ustedes siempre, hasta el fin de los tiempos”.

Una misión, sí, pero también una promesa. No hay una sin la otra. Es bueno saber que en la máxima de las tareas, no vamos solos.

El mismo amor que Jesús entregó por la humanidad es el que nos hace vivir. Su gracia me recuerda cuando lo olvido que más que perfección a Dios le agrada la disposición y obediencia de mi alma y ser. El mismo poder que venció a la muerte y ha permitido milagros poderosos a través de los tiempos es el que habita en mí y le da valor a mis talentos, a mi historia, a mi voz, a mi vida… para que anuncie con lo que soy Su mensaje. Separados de Él nada valdría la pena, nada podríamos hacer…

Este mundo según Romanos 8:19 clama por conocer a través de nosotros la gloria de Dios y no queda duda que somos la mejor prueba de que Su mensaje transforma vidas, restaura propósitos, revive sueños, nos da segundas oportunidades. Nuestras vidas cuentan la historia de cómo antes éramos vacíos pero ahora tenemos esperanza en la salvación a través de Cristo Jesús.

Conozco tus excusas porque yo las he dicho y las he vivido, pero no vamos solos, Dios pensó en nosotros, porque sabe que Su amor nos hace capaces de anunciar que a este mundo le queda esperanza. Fuera de los templos hay mucha gente sin conocer la Verdad y vivimos en un mundo alejado de Dios, ¿acaso no es urgente responder con un “Sí, yo lo haré”? ¿Acaso no es urgente vivir evidenciando lo que Dios ha provocado en nuestras vidas? ¿Acaso no es urgente que nuestra voz no guarde en silencio si de anunciar a Jesús se trata?

Su mensaje es real, es la esperanza del mundo. Esta misión vale la pena.

No nos podemos callar, vayamos tal como somos haciendo realidad… el sueño de Dios.

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Dedicado a todos los valientes misioneros donde ser cristiano es una minoría, a aquellos que aceptaron el reto de cumplir el sueño de Dios para la humanidad en países donde son perseguidos, humillados y vetados; pero también a todos aquellos que en su día a día, en sus rutinas, son conocidos por ser cristianos por la forma en que conducen su vida, sus profesiones y sus áreas de influencia. La misión fue dada a todos y todos podemos cumplirla. Dios nos acompaña, siempre.