– P E R S E V E R A –

Si uno supiera cuántos días exactos Dios ha destinado para nuestra vida, ¿cambiaría algo? ¿La manera en que vives, los hábitos que profesas, las decisiones que tomaste ayer, hace un año, tu relación con los que amas?

31 noches atrás posiblemente con toda la fe que rodea la atmósfera de una víspera de año nuevo, prometiste que darías tu todo para que este año fuera diferente. Nuevos planes, nuevos sueños, nuevas metas, “nuevo vos” dispuesto a vivir no la vida que te toca vivir, sino la vida que merecés. Y ahí ibas, 1 de enero y con todo el ánimo del mundo. Algunos guardando las metas en el corazón, otros, como es mi caso, papel y lápiz en mano y mucha convicción para creer… para actuar.

Sin embargo, 31 amaneceres después, si le preguntas a la mitad del mundo, esos sueños ya  no están, desaparecieron como recuerdos vagos de una noche de felicidad excesiva. “Y no te sientas mal” te dirán,  “porque es humano acomodarse en lo que ya funciona, en lo que ya es, porque si ya te acostumbraste a vivir así, ¿para qué cambiar?”.

Y es que el mundo sería otro si esos sueños no se abandonaran, si no se les dejara en paz. Sería un mundo más feliz, más sano, más enfocado quizás, menos vicioso, menos aburrido, más el mundo que debería de ser. Pero siempre vamos a encontrarnos con esa situación en que todos queremos cambiar al mundo, pero nadie quiere comenzar consigo mismo.

Dicen que el calendario no perdona, que los días avanzan y la vida con cada parpadeo envejece. Dicen que nuestra vida se construye de historias (buenas o malas) y que la tinta con la que escribimos esas historias está fabricada de decisiones. Yo he estado de ambos lados, he sido parte de esa población que sueña pero que le da miedo (pereza, duda, frustración y otros vicios) actuar, algunas veces porque el pasado nos recuerda los fracasos, algunas veces porque el futuro no da pistas. Pero, también he sido parte de la población que sueña y construye, sin detenerse a escuchar las voces de la monotonía y de la incertidumbre que te invitan a abandonar. Y el resultado de ese viaje de construir tus sueños siempre es darle vida a la vida.

Hoy que comenzamos nuevo mes (y también cuando leas esto, sea el 17 de marzo, el 25 de septiembre o el día que sea) respecto a tus sueños debes decidir qué vas a hacer, qué vas a continuar haciendo o qué vas a dejar de hacer.

Existen muchos consejos que podríamos dar, tantos que al final se pueden convertir en ruido. Así que con estas líneas solo compartiré un verbo que me estoy repitiendo desde que comenzó este año para avanzar en lo que sueño y en cumplir la voluntad de Dios:

– P E R S E V E R A –

y grábatelo en el corazón (en negrita y en mayúsculas, para que sea lo primero que mires cuando en medio de la confusión no sepás qué es lo que hay que hacer).

PERSEVERA mi amigo porque quien logra sus metas no es el que lo tiene todo desde el principio, sino que aquel que aún solo con la motivación misma está dispuesto a intentarlo día con día, decisión a decisión.

PERSEVERA y repite todo lo necesario hasta que la decisión se convierta en hábito y el hábito en estilo de vida. Sea para perder peso, escribir una novela, convencer a tus clientes de que sos la mejor opción o correr una maratón como quien escribe estos párrafos.

PERSEVERA en esos sueños que a paso de tortuga se van formando, aunque sea más cómodo abandonarlos, aunque sea normal renunciar. Persevera en eso que amas con la paciencia de un artesano y con la emoción de quien está a un día de conseguirlo.

PERSEVERA en decirle adiós a aquello que te lastima, a esos vicios que solo te encadenan a un pasado del cual el Señor te liberó. Persevera avanzando y no vuelvas atrás.

PERSEVERA en mirar con optimismo el futuro porque el mundo puede estar roto y lastimado, pero la esperanza en un mejor mañana es lo que hace que el mundo progrese.

PERSEVERA en amar a los que aman y odiar menos a los que te hacen mal. Persevera en ser esa mano con la que muchos no contaban pero que ahí apareció, para bendecir, para levantar, para sanar.

PERSEVERA en lo que Dios desea que seas, porque esta vida es pasajera y la muerte no es el capítulo final. Persevera en ser ese discípulo imperfecto pero fiel, porque una eternidad junto a Jesús es el destino al que todos debemos llegar.

PERSEVERA, porque ya es algo que sabes hacer, como cuando aprendiste a caminar y decidiste que gatear no iba a ser tu estilo de moverte por el mundo; como cuando aprendiste a leer o la tabla del 9 en la primaria. Persevera porque es algo que los valientes hacen y es lo que diferencia al protagonista del espectador.

¿Qué hay motivos para renunciar? Toda la vida.

¿Qué la incertidumbre domina tus pensamientos? Cierrale la puerta y cambia el enfoque.

¿Qué sos muy joven? Mejor, porque si fracasas habrá más tiempo para volverlo a intentar.

¿Qué si ya eres viejo? Y qué mejor manera de vivir el resto de tu vida que esforzándote haciendo lo que amas.

PERSEVERA. Con la mirada puesta en Jesús, los sueños en la brújula del corazón y esa chispa y disciplina viva en tus manos y pies hasta que el sueño cambie de nombre y sea realidad.

PERSEVERA. Vos lo merecés. Los que te aman lo merecen. Este mundo lo merece. Y Dios lo celebra.

14221960605_d5d0f615b7Foto de The Nick Page, usada bajo licencia Creative Commons.