¿De qué estamos hablando?

“Que se haga tu voluntad… pero primero la mía”

…cuando nuestros planes y los de Dios no concuerdan… a eso se le puede llamar problemas.

  Una de las partes más difíciles en mi opinión referente a nuestra relación con Dios es aprender a confiar en sus planes, porque esto implica renunciar a lo que a lo mejor ya habíamos trazado nosotros, basado en nuestra limitada capacidad de dibujar un bienestar en nuestro futuro. Digo que es difícil porque realmente lo es… Nadie traza en su plan de vida etapas de sufrimiento, de incertidumbre, de pena o de preocupaciones… al contrario les vivimos huyendo… pero en eso aparece Dios, nos pide tomar el control de nuestras vidas y venimos a darnos cuenta que la vida cristiana no te libra de los malos ratos… al contrario, Dios muchas veces permite que sucedan.

Esto te puede llevar a dos caminos, pelear con Dios porque nuestra voluntad no es Su voluntad o deponer las armas y tus argumentos y ver como Dios traza el camino para tus sueños. Hace un tiempo un buen amigo me enseñó que Dios para llevarte de un punto A a un punto C, generalmente no usa un punto B. El usa maneras que muchas veces no contamos, situaciones para las cuales no estábamos preparados y conflictos para formar nuestro carácter. Algunas nos darán risa, algunas nos preocuparán, algunas nos harán llorar… pero todas tienen un propósito… conocer que Dios es Dios y que el plan perfecto sólo Él lo puede lograr.

Es más fácil dar palabras de aliento cuando no es a ti quien le sucede el problema, es más fácil enseñar que debemos vivir confiando en la Voluntad de Dios que vivir dicha máxima todos los días. Es más fácil confiar en que la voluntad de Dios va a ser mi voluntad, que verdaderamente soltar todo y entregárselo a Dios.

Escribo esto en medio de un collage entre sucesos que he tenido que enfrentar y el estudio que hice hoy de 2a Corintios 4 respecto a otros temas que escribí por la tarde. Es increíble tener una lista de sueños que cumplir, de expectativas ante la vida y de retos que deseas lograr sin obstáculos… pero y ¿si ese no es el plan de Dios? ¿Qué si para llegar a donde Dios te dijo que debes llegar tienes que pasar por donde no quieres, por donde tendrás pruebas y dificultades? ¿Seguirías confiando? ¿Aún así decidirías tomar el camino de Su Voluntad?

Pablo escribía a los Corintios de la belleza del amor de Dios en medio de la persecución. Su pasión por Jesús no disminuyó ni un poquito a pesar de todos los problemas, amenazas que tenía que enfrentar. Si el apóstol Pablo era tan humano como lo soy yo seguramente soñaba con predicar la Palabra de Dios sin dificultades, sin pruebas difíciles y sin preocupaciones pero no fue así… a pesar de que no fue su voluntad, decidió creer que la voluntad de Dios era mucho mejor que lo que él podría planear. Para Pablo, la vida no trataba de qué encajaba entre sus sueños y los de Dios, para Pablo la vida trataba de vivir y respirar cada día sabiendo que lo que trajera cada día podía glorificar a Dios y disfrutar de Su amor aún en las pruebas…. y ese ejemplo me da esperanza para que aún en las pequeñeces y molestias que me toque enfrentar, Dios será el mismo y Su amor siempre será sin igual:

“Por eso, aunque pasamos por muchas dificultades, no nos desanimamos. Tenemos preocupaciones, pero no perdemos la calma. La gente nos persigue, pero Dios no nos abandona. Nos hacen caer, pero no nos destruyen… Por eso no nos desanimamos. Aunque nuestro cuerpo se va gastando, nuestro espíritu va cobrando más fuerza. Las dificultades que tenemos son pequeñas, y no van a durar siempre. Pero, gracias a ellas, Dios nos llenará de la gloria que dura para siempre: una gloria grande y maravillosa.” – 2a Corintios 4:8-9, 16,17.

Hay días que el sol no sale, pero el día sigue siendo día. Hay veces que Dios no actúa como pensamos, pero sigue siendo Dios y en esto creo.