Te rendiría mi vida, pero la estoy usando.

Hola Jesús,

Perdona Señor que hasta ahora me comunique. Tú que lo sabes todo, has visto lo ocupado que he estado últimamente. Me has dado una vida muy buena, no me puedo quejar.

El trabajo que tanto quería por fin lo he conseguido y aunque me ha tocado hacer horas extra me lo estoy disfrutando tanto. La Universidad, casi cerrada, han sido años de esfuerzos y desvelos pero estar cerca de la meta me enorgullece. Y Linda, la chica con la que estoy saliendo, creo que sí es tu voluntad: es buena, agradable… ¡Perfecta!

No oro para quejarme, más bien, te quiero dar gracias por todo lo que me das. Sin embargo, tengo una duda respecto a la prédica que el pastor compartió ayer en la iglesia. Tú sabes en qué momento fue. Cuando estaba por contestar mis chats de Whatsapp y el pastor mencionó que para una relación  real contigo necesitamos rendirte nuestra vida. Y luego mencionó ese versículo, Lucas 9:23-25, donde la Biblia dice que tenemos que abandonar nuestra manera egoísta de vivir, tomar nuestra cruz y seguirte. ¿Es en serio?

¿Rendir mi vida? He estado pensando y quisiera saber si es toda o solo las áreas que me cuestan. Porque ya te rindo una buena parte del fin de semana ayudando a cuidar a los niños de la congregación. Por cierto, ahí fue como conocí a Linda. ¡Qué recompensa la que me diste por servirte!  También voy los viernes al grupo de jóvenes y pues con lo fiestero que era, a veces es todo un reto ir a escuchar la prédica en la casa de mis amigos.

Además, ya te doy el diezmo y ofrendo cada vez que puedo. Ya no digo malas palabras y trato de llevar una mejor relación con mis padres. Y últimamente he estado apoyando algunas actividades benéficas, ¿Ya revisaste mi Facebook? Ahí está la evidencia. Creo que soy un buen cristiano, como puedes ver. No tienes de qué quejarte, me gusta mucho todo este asunto de la iglesia.

Sí, es cierto que hay pecaditos por ahí, pero no se notan, no lastiman a nadie y además los tengo bajo control, no creo que debería confesarlos. Ni que estuviese cometiendo crímenes. ¿Confesar? ¿Para qué? ¿Para ser criticado y avergonzado? ¡No  gracias!

Por eso no estoy de acuerdo con las palabras del pastor. La verdad me sonó muy extremista. Dijo que había que rendir hasta mis más profundos deseos.  ¿Mis sueños también? ¿Y qué de ese verso, el de  “deléitate en el Señor y Él concederá las peticiones de mi corazón” o este otro que tanto me gusta: “Pon en manos del Señor todas tus obras, y tus proyectos se cumplirán”?

 Si ya voy los domingos a la iglesia y me porto bien, creo que mis peticiones deberían estar presentes para ti. Yo ya hice mi parte, esperaría tu ayuda. Porque todo lo puedo en ti. Porque soy cabeza y no cola, porque no hay nada imposible para ti. Porque tus planes son de bien y no de mal. Mis sueños no te dan mayor tarea Diosito.

Estoy dirigiendo mi vida tan bien, que considero que el pastor exageró. Creo que el mensaje era más para aquel que está atrapado en un vicio o pasando una mala temporada en su vida. Pero no para mí, que ya te sirvo y asisto a la iglesia. A ellos, a los que aún les cuesta cambiar, ellos sí deberían rendir todo, pero no para los que tú ya has bendecido, tanto, que hasta me considero uno de tus favoritos. Yo no soy malagradecido. Cada vez que recibo una bendición, lo publico en mis redes sociales para que la gente se entere del Dios que me bendice y hasta inventé un hashtag: #ConsentidoDelRey ¿No te parece genial?

Por lo tanto Jesús, yo no recibo las palabras del pastor. Hazle el favor de decirle que mejor  siga enseñando de tener una mente positiva, de recordarnos que ensanchemos nuestro territorio y todas las promesas de prosperidad. Dile que mejor se concentre en hablar de cómo el cristiano puede portarse mejor: en las finanzas, con la familia, en el desarrollo personal y todos esos temas que interesan, que atraen a la gente. Yo no puedo invitar a mis amigos que no son cristianos a la iglesia con temas que los van a sacar corriendo.

Y bueno, debo irme porque me invitaron a un partido de fútbol con los amigos de la cuadra, así que te agradezco que me escuches y que te pueda exponer mi queja. Sé que sabrás como decirle al pastor que se corrija y que deje de preparar sermones para monjes ermitaños.

Quizás habrá un tiempo cuando sea anciano en que pueda hacer eso, pero no en mi juventud.

Porque yo, Jesús, te rendiría mi vida… pero la estoy usando.

En tu nombre, Amén.

Hace unos años, este texto hubiera sido quizás una transcripción legítima de alguna de mis oraciones. Llevo 20 años de ser cristiano y en un momento, donde me sentía muy cómodo pero a la vez muy vacío, el Señor me llevó a recordar esta verdad en su evangelio: Ser su discípulo trata de rendir nuestras vidas. O como diría Juan el Bautista en Juan 3:30, que Jesús tenga en mi vida cada vez más importancia y yo tenerla menos. Busco vivirlo todos los días, y aún si fallo, sé que Su gracia me sigue encaminando hacia Él.

Dios nos puede bendecir de maneras maravillosas, en procesos y en milagros, pero esta no será una característica que defina a un verdadero discípulo. Con los años comprendí que mi mayor recompensa y el mejor regalo de parte de Dios lo encontré a los pies de la cruz, en el sacrificio de Jesús por mi salvación.

Tengo sueños y los encomiendo a Dios para que sean dirigidos por Él, pero me atrevo a decir que aún sino se cumplen, Jesús sigue siendo mi mayor bendición y mi Señor.

Que nuestras vidas sean valientes y sueñen, que nuestros hechos muestren fe y excelencia, pero sobretodo, que nuestras vidas reflejen que rendirse a Jesús es la mejor decisión que haremos en esta parte de la eternidad.

Seguirle, cuesta una vida. Pero esa es la vida que yo quiero vivir.

Lucas 9:23-25 NTV: 23 Entonces dijo a la multitud: «Si alguno de ustedes quiere ser mi seguidor, tiene que abandonar su manera egoísta de vivir, tomar su cruz cada día y seguirme. 24 Si tratas de aferrarte a la vida, la perderás, pero si entregas tu vida por mi causa, la salvarás. 25 ¿Y qué beneficio obtienes si ganas el mundo entero, pero te pierdes o destruyes a ti mismo?

PD. La inspiración del título de este post, salió de “Elvira, te daría mi vida pero la estoy usando”, película mexicana del 2015, dirigida y escrita por Manolo Caro. A raíz de este título, me pregunté: ¿Cómo serían las palabras de un cristiano que le respondería de esta manera a Jesús?