¿De qué estamos hablando?

Regreso.

No andaba muerto, tampoco de parranda… Simplemente andaba pensando….

Pensando en qué sucedió para que se fueran mis ganas de escribir. Podría decir que usé a septiembre como “retiro” y retomar ideas pero no fue así. Podría decir que hizo falta la inspiración pero lo dudo, mientras caminaba, trabajaba e incluso en la ducha surgieron varias ideas para plasmar en este libro. Podría decir que estaba ocupado pero gané un campeonato en el FIFA antes de dormir. Quizás fue la carga laboral o mis estudios, pero tampoco, he logrado separar el trabajo al llegar a casa. Quizás estaba pensando mucho, quizás estaba divagando, soñando con escribir pero sin llevarlo a la acción. Tenía ganas de expresar lo que quería pero a la vez no daba el paso para hacerlo hasta hoy.

He estado pensando en mi falta de líneas y párrafos en Libro67 y creo que se debe a una causa principal: Perdí mi disciplina para escribir. Quizás no mi pasión, porque he escrito por encargo para proyectos alternos pero no para mi hijo querido (sí, este blog). Y esto me lleva a pensar en tres momentos:

UNO. Septiembre de 2002. En mis años de mi temprana adolescencia, en el colegio, aparece un concurso de discursos y oratoria y decido participar. Escribo sobre mi Guatemala y su belleza (típico tema de las fiestas patrias), unas dos páginas más o menos después, presento el discurso y lo expongo ante una multitud de más de 300 jóvenes. Los jueces deciden darme el segundo lugar, pero salgo aclamado por todos, aún más que el ganador (mera humildad decirlo :] ). Es ahí donde recibo mis primeras felicitaciones y exhortaciones para escribir.

DOS. Diciembre de 2006. Al fin se me ocurre dedicar parte de mi vida a escribir y decido abrir un blog: “La Calampa” (por primera vez he hecho público mis inicios), escribo sobre un tema que escuché en la Iglesia y le di mi propia versión. Al mes vuelvo a escribir, y 6 meses después aparece un tercer post y luego… luego dormí el sueño. (Alerta).

TRES. Diciembre de 2008. En medio de un congreso de jóvenes, el expositor de esa noche, nos habla sobre la importancia de dar vida a los sueños, “escribir tu propia historia”, “vivir tu propósito”, “no dejar morir la razón para la cual Dios te diseñó…”, es ahí donde algo en mi corazón y cerebro comenzó a funcionar de nuevo y decidí regresar a escribir, fue ahí donde nació Libro 67. Mi espacio para expresar que la historia de los hijos de Dios aún no termina de escribirse, vive y está siendo escrita, en mí, en vos, en nosotros.

Casi tres años de tan importante decisión, me detengo a pensar. Dios ha sido más que bueno conmigo. Quizás no tenga el mejor talento, ni la mejor expresión pero he ido desarrollando amor por lo que hago. El blog ha sido leído quizás la mayor parte del tiempo por mí (¡ja!), “Si oyes una voz dentro de ti diciéndote “no sabes pintar”, ¡pinta!, faltaría más… y la voz se callará.”- Salvador Dalí pero también ha llegado y conectado con personas de distintas partes del mundo quienes me agradecen por compartir lo que Dios ha puesto en mi corazón. De alguna manera el blog también me ha permitido creer y hacer cosas un poco más difíciles, y sí, de alguna manera el Salva que ustedes conocen es a causa de atreverme a escribir. No para que alguien me lea, para volverme famoso o para que sea reconocido. Sino por el simple placer de encontrar un medio para expresar lo que mueve mi vida. Esto también es adoración a Dios.

No quiero que vuelva a repetirse la historia de mi primer inicio, La Calampa. Comparto esto más que nada para que sí te está pasando, te ha pasado o hay alertas de que tu pasión esté comenzando a dormirse por la estúpida rutina, por depresión, por pereza o porque no valoran tu trabajo, es tiempo de que te detengas a pensar. Pensar en que a lo mejor lo que estás haciendo en este momento sea casi inerte, pero el dejarlo morir es una gran posibilidad de dejar morir lo que Dios ha deseado para ti.

Hay una diferencia entre arriesgarse sin motivo y arriesgarse con propósito, una diferencia entre quedar en ridículo sin causa y recibir críticas y burlas pero por una razón que mueve tu vida. El primero terminas mal, en el segundo te arriesgas y puedes fracasar, pero aprendiste… pero le diste valor a la experiencia y te demostraste que hay una pasión por lo cual vivir. Hoy expongo mi indisciplina, mi pereza, mi divagación y retomo este proyecto. Hay un montón de cosas que formarán parte del futuro de este libro, ya no solo yo, sino de personas que los caminos de la vida y Dios me ha permitido conocer y soñar juntos.

No le tengás miedo a las pausas si te llevan como a mí, a ser responsable y regresar a la carga. No le tengás miedo al fracaso si construye tu éxito futuro. No le tengás miedo al qué dirán, hazlo (escribe, dibuja, practica, corre, danza, canta, malabarea, que se yo… lo que tengás que hacer para cumplir tu propósito) para Dios y para vos mismo. Ya vendrá la gente que será inspirada, influenciada por tu esfuerzo y que incluso acompañará tus futuros pasos, ya vendrán los que te darán esa palmada en el hombre y te dirán “¡Bien hecho!”, ya vendrán aquellos que te darán las gracias y aquellos que no te lo dirán, pero sonreirán y agradecerán en secreto. El punto, es comenzar, o en mi caso, volver a comenzar.

Es tiempo de ser más responsable, más enfocado y sí, un mejor escritor.

La historia aún no termina de escribirse.