¿De qué estamos hablando?

Resh–[ ר]

Estoy a la mitad del camino hacia la tercera década de mi vida. Ya tengo más de un cuarto de siglo cumplidos y muchos sueños que se convirtieron en realidades. También llevo en la maleta de mis pensamientos, algunos deseos que están en proceso y que sé que pronto los veré cumplidos, quizás a la vuelta de la esquina, quizás en unos años más… en parte depende de mí, en parte no, pero así es la vida y decido continuar.

Y en medio de todo este camino, el tener la oportunidad de haber conocido de manera personal el mensaje de Dios ha definido mi vida. Llevo más de la mitad de ella de conocer a Dios a través de la Biblia y de la cultura cristiana que decidí tomar como propia y no me arrepiento. Llevo diez años participando en el servicio a mi congregación y a mi generación y así fue como descubrí mi propósito, la esencia sobre la cual estoy construyendo mi legado.

Y es al pensar en la palabra “legado” cuando me detengo a pensar un poco más y me pregunto: ¿qué le dará base a todos los sueños que tengo en agenda?, ¿qué mantendrá a flote todos los años que deseo vivir?, ¿qué me permitirá tener lo necesario para amar a quienes amo y amaré?, ¿qué podrá sostener mi historia de aquí en adelante?

Algunos podrán decir que la autosuficiencia del ser humano es lo único que necesito, pero con los años uno aprende que no es así, que siempre seremos limitados. Otros quizás se concentren en lo material o en la cosecha de éxitos vez tras vez, lo cual no es malo, excepto que se convierta en el fin, en el motor primario de tu vida. Y algunos tristemente, no tienen respuesta para estos cuestionamientos que me hago.

Yo decido llevar estas preguntas a un entorno diferente de lo que el mundo me ha enseñado y es hacia la fe: fe de creer en un Dios todopoderoso que guía mi destino hacia una plenitud eterna, fe de poder soñar grandes cosas porque mis esfuerzos están respaldados en un Dios que ama participar en la historia de mi vida… fe de creer en una colección de libros que durante miles de años fueron almacenando la esencia del Mensaje de Dios y que transformó al mundo a través de Jesús… y también fe, para creer que en tales libros, encuentro lo necesario para mantener, para basar, para dirigir mi vida.

Y es que se necesita de fe para creer que vivir un estilo de vida basado en el sacrificio y la obediencia es la manera correcta de alcanzar la plenitud. Vivimos en un mundo que nos hace creer que libertad y obediencia no son dos términos que se lleven de la mano, pero la Biblia nos enseña que ambas funcionan mejor cuando se conocen.

El Salmo 119, como hemos visto a lo largo de esta serie, va una y otra vez hablando sobre cómo la Palabra de Dios sostiene nuestra vida, en las celebraciones y logros, en los malos ratos y problemas, en todo momento. Parece que nuestro estándar de compromiso con Dios es bajo cuando leemos cómo  el salmista escribe que aferrarse, que vivir, que obedecer los mandatos de Dios es lo que le daba sentido a su vida.

Sin embargo, nuestras vidas se construyen una decisión, una meta, un reto, un día a la vez y decidir creer en llevar un estilo de vida basado en la Palabra de Dios también es algo que se produce un paso a la vez.

Sin importar la situación que nos toque enfrentar, siempre estaremos a una decisión de distancia de obedecer en amor a Dios Sus mandatos, a una decisión de refrenar nuestros deseos y pasiones equivocadas para seguir una vida con propósito, a una decisión de cambiar nuestra definición de éxito por la de Dios, a una decisión de ordenar nuestros deseos e ir tras lo que vale la pena, a una decisión de vivir en una libertad basada no en nuestra limitada percepción sino en los mandamientos y ordenanzas de Dios.

Quizás no sea el estilo de vida más fácil, pero decido creer que vivir así me llevará a mi destino… un día a la vez.

“Mira mi sufrimiento y rescátame, porque no me he olvidado de tus enseñanzas. ¡Defiende mi caso, ponte de mi lado! Protege mi vida como lo prometiste. Los perversos están lejos de ser rescatados, porque no se interesan en tus decretos. Señor, qué grande es tu misericordia; que el seguir tus ordenanzas me reanime. Muchos me persiguen y me molestan, sin embargo, no me he desviado de tus leyes. Ver a esos traidores me enferma el corazón, porque no les importa nada tu palabra. Mira cómo amo tus mandamientos, Señor. Por tu amor inagotable, devuélveme la vida.La esencia misma de tus palabras es verdad; tus justas ordenanzas permanecerán para siempre.” – Salmo 119:153-160 NTV