¿De qué estamos hablando?

¿Respetar, Condenar o Ignorar?

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Febrero ha sido un mes que quedará para la historia, sobretodo en el norte de África donde muchos ciudadanos a través del clamor popular han generado revueltas por la libertad e independencia de regímenes cuyo tiempo de gobierno debió haber caducado hace mucho. Egipto vio como su presidente durante casi 3 décadas era derrocado luego de manifestaciones sin cesar. Túnez fue el país donde se inició la ola de manifestaciones y actualmente Libia está en un caos en medio de la lucha de poderes.
Durante estos sucesos, una imagen captó mi atención y la de muchas personas a través de las redes sociales, sobretodo en Twitter. Nevine Zaki ( @NevineZaki ) una fotógrafa egipcia, captó el momento en donde los manifestantes musulmanes se unieron para realizar una de sus oraciones obligatorias según su religión a pesar de que se verían vulnerables de ser atacados por sus represores. En un país donde supongo es común realizar estas oraciones con la rutina y obligatoriedad que implica, lo que llamó mi atención fue que los cristianos presentes en la manifestación hicieron una valla de protección alrededor de ellos mientras pasaba el tiempo señalado para su oración.
No puedo escribir totalmente acerca de esto, porque no conozco todo el el plano de la cultura cristiana en el norte de África donde la mayoría es musulmana; pero me gustaría que nos pudiésemos preguntar ¿Qué hubiese hecho yo en lugar de ellos? ¿Qué habría hecho Jesús?
Quizás no nos vayamos a relacionar a fondo con una cultura musulmana en nuestro país puesto que son minoría, quizás sea difícil que en nuestro círculo social hayan ateos o gnósticos, pero sí es probable que tengamos amistades con puntos de vista diferentes en cuanto alcoholismo, sexualidad, prácticas sociales e incluso aquellos que nunca encajarán en un sistema religioso… ¿Cuál debería ser nuestra reacción? ¿Cómo reaccionar cuando nos relacionamos con personas con creencias y prácticas diferentes a las nuestras?
Un camino que podríamos tomar sería ignorarlos. Nos evitamos estar discutiendo, pensando y analizando las maneras en que el amor de Dios podría transformar sus vidas y sociedades. Sin embargo de hacerlo, estaríamos siendo demasiado egoístas.
Otro camino podría ser el condenarlos y ser agentes de oposición a todo lo que hacen. Aunque de así hacerlo, olvidaríamos el amor que Dios tiene por aquellos que caminan perdidos, confundidos y necesitados de una respuesta que supere toda percepción que hasta hoy conocen.
Y otro camino que podemos tomar es el respeto. No podemos predicar del Jesús al que amamos y servimos si nuestros actos, pensamientos o puntos de vista saltan al derecho que tiene cada persona de vivir y decidir en la manera que asume hacerlo, aún si está equivocada. Es facilísimo condenar a las personas que practican, profesan o viven hábitos distintos a los nuestros cuando nuestro papel es mostrarles el respeto y el amor que Jesús tiene por aquellos que viven sus vidas confundidos, equivocados o presos de hábitos distintos a los que avala la cultura cristiana. Es mucho más fácil ignorarlos y vivir una vida que alimenta nuestro ego, olvidando la misión de Dios que fuimos llamados a cumplir.
Hay una diferencia entre condenación y confrontación, pero muchas veces las ignoramos. Mi punto de vista es que la mejor manera en que podamos transmitir nuestras creencias y convicciones en las vidas de otros es actuar como Jesús actuaría. Toda persona merece conocer al amor auténtico de Jesús, por lo tanto debemos comenzar con nuestras acciones. En un mundo que gira hacia la posmodernidad y el cambio explosivo cada vez más rápido en las sociedades, debemos ser personas que muestren respeto por las diferencias que aparezcan. Quizás desaprobemos algunas prácticas y es nuestro derecho y obligación hacerlo, porque hay cosas que Dios nos ha llamado a erradicar de nuestras vidas y vivir un testimonio que replique esta forma de pensar.
Podemos amar a nuestro prójimo a través del respeto y nuestro interés genuino por su vida, sin estar aprobando necesariamente sus prácticas, creencias y hábitos. La oportunidad de hablarle de Dios seguro aparecerá, pero necesita que sea provocada a través de nuestras acciones que reflejen el respeto que ellos merecen aún si lo que hacen dista de nuestros principios bíblicos y creencias cristianas.
Creo más en un Jesús que hubiese tomado la mano de otro cristiano para asegurar a sus amigos musulmanes a pesar de que oraban a un dios equivocado, creo en un Jesús que está dispuesto a dar una segunda oportunidad al homosexual a pesar que este rechace obedecer los mandamientos que Su Palabra declara. Creo en un Jesús que se sentó a conversar con aquellos que su sociedad y cultura  habían desterrado, creo en un Jesús que abrazaba y tocaba a aquellos enfermos y descarriados desesperados por una muestra del amor de Dios. Creo en un Jesús que predicó Su Mensaje tanto con palabras como con acciones. Creo en un Jesús que confía en mí para que sea la luz para muchos que viven en confusión y en pecado. Lo hizo conmigo y seguramente lo hará en muchas vidas más.
Es mi punto de vista ante situaciones como esta. ¿Qué piensas tú? ¿Respetas, condenas o ignoras?