¿De qué estamos hablando?

¿Somos la Iglesia que Jesús sueña?

Mateo 28:18-20 relata el momento en que antes de partir, Jesús nos comisiona: “…Él se acercó y les dijo: –Dios me ha dado todo el poder par que gobierne en todo el universo. Ustedes vayan y hagan más discípulos míos en todos los países de la tierra. Bautícenlos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Enséñenles a obedecer todo lo que yo les he enseñado. Yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo”.

Segundos después comenzaba nuestra historia… el inicio de la Iglesia.

Rick Warren escribió hace unos días vía Twitter la siguiente frase : “Jesús comenzó su Iglesia como una FAMILIA. Esta cambió como una institución en Roma, un punto de vista político en Europa y como un negocio en América”. Luego de leerla me pregunté si realmente podríamos definir tal como somos lo que Jesús soñó de su Iglesia.

Me encanta saber que Dios ha confiado en nosotros para cumplir SU misión. Dios quiere salvar del mal a sus hijos. Pudo haberlo hecho de mil y una maneras… pero escogió a sus amigos, a su familia, a su Iglesia para hacer la tarea. Pero para que la Iglesia cumpla con la misión de Dios, debemos actuar como tal… como familia, como comunidad.

No podemos esconder las fallas que ha tenido la Iglesia cristiana desde sus inicios, las rupturas por las que ha pasado, los debates teológicos, las luchas de poder, la negligencia y la sordera ante los problemas del mundo; sin embargo Dios sigue confiando en nosotros.

El Dios que acompañó a un pequeño grupo de hombres luego de la ascensión de Jesús es el mismo que nos acompaña a los millones de misioneros que formamos la Iglesia de Cristo en esta generación. Sin embargo ¿Tenemos la misma fuerza, la misma influencia?

Realmente la tarea es grande y la necesidad es mucha; pero nuestras discusiones, nuestros desentendimientos y nuestra poca influencia no hacen mucho para que podamos avanzar. Mientras nos preocupamos por crecer en número y no en influencia, muchos se pierden y se desinteresan del llamado a formar parte de la familia de Dios; mientras peleamos dentro de nuestras propias congregaciones y en nuestras propias sociedades, otros eligen tomar caminos equivocados; mientras nos enfocamos en el campo cristiano únicamente, allá “afuera”, fuera de los templos y de las congregaciones hay muchos con necesidades materiales y espirituales, desesperados por una solución que solo la Iglesia, como embajadora y representante de Dios en este momento de la historia puede dar.

Mientras muchas congregaciones se esfuerzan por alcanzar propósitos humanos, la meta máxima, la misión primera a la que fuimos llamados duerme en segundo plano. No estoy en contra de las congregaciones y sus planes porque yo trabajo dentro de una y me esfuerzo por cumplir nuestra visión personal, sin embargo considero que ninguna visión humana debe superar a la visión de Dios, la de rescatar a su pueblo a través de su amor y de su salvación.

daf Nuestra tarea no es seguir lo que otros ya han hecho, nuestra tarea es seguir el ejemplo, la entrega y la vida de Jesús; su ministerio y su amor sacrificial e incondicional. Nuestra tarea es formar una comunidad y no una organización; nuestros resultados no se miden por números, ovejas o tamaño…. se mide por vidas transformadas, por sociedades influenciadas. La misión de la Iglesia no es propia, es de Dios quien nos la entregó a nosotros para cumplirla. El deseo de la Iglesia debe ser el de Jesús… ese que humildemente oró en Juan 17… “Toda mi vida te la he entregado, y lo mismo espero que hagan mis seguidores. No pido sólo por ellos, sino también por los que creerán en mí cuando escuchen su mensaje. Te pido que se mantengan unidos entre ellos, y que así como tú y yo estamos unidos, también ellos se mantengan unidos a nosotros. Así la gente de este mundo creerá que tú me enviaste. Yo les he dado a mis seguidores el mismo poder que tú me diste, con el propósito de que se mantengan unidos. Para eso deberán permanecer unidos a mí, como yo estoy unido a ti. Así la unidad entre ellos será perfecta, y los de este mundo entenderán que tú me enviaste, y que los amas tanto como me amas tú”. (Juan 17:19-23).

El tiempo avanza, el mundo sigue necesitado y la misión sigue en pie. Es nuestro momento, es nuestra generación… ¿Estamos dispuestos a vivir entregados totalmente a Dios? ¿Estamos dispuestos a cumplir la misión de Dios? ¿Estamos dispuestos a ser Iglesia, la que anhela Jesús?