So(mo)s útil(es).

Muchas veces creí que para influenciar vidas necesitaba llegar a algún estándar, Dios me recordó que Él me pide que dé lo que tengo, ahora, porque la vida es corta y la necesidad es mucha.

En medio de ese vendaval de cambios llamado adolescencia, con frecuencia me preguntaba si acaso había algo en mí que Dios pudiese usar. En medio de esa pregunta con frecuencia observaba a predicadores, artistas y personas exitosas en sus carreras brillar quienes me inspiraban a desear la historia que ellos vivían, la plataforma que ellos tenían y el impacto que una sola de sus palabras, artes o trabajos podían producir en muchos. Deseaba la meta pero sin ver el camino que ellos habían recorrido. Dios con el tiempo me recordó que no debo comparar el “capítulo 100” de alguien con mi “capítulo 1”.

Otras veces tenía la idea de que alguien o algo sobrenatural debía “activar” mi llamado, mi propósito. Tanto que anhelaba que en alguna prédica u oración de alguien ubicado ya en “las grandes ligas” o con una influencia importante dijera algo específico para mí, o que Dios en algún sueño confirmara palabra por palabra lo que debía hacer en mi vida. Con el tiempo, Dios me enseñó a amar y confiar en la Biblia, porque es ahí donde habla a menudo, y sí, me habla palabra por palabra de lo que Él desea que sea el resto de mi vida.

Y en medio de esa necesidad de definición que tanto anhelaba, Dios decidió usar personas para impactar mi historia. Personas, amigos, familia que como tú y yo, guardan historias, lecciones, que quizás parecen repetidas, monótonas, sin ningún show o punto extraordinario. Pero que sin esa historia, sin esa muestra de amor, mi vida no sería igual.

Y entre todas esas historias y eventos ordinarios, siempre recuerdo una en especial: la huella que dejó mi profesor de escuela dominical a mis doce años. Iván era una persona que disfrutaba contar historias de su adolescencia y juventud, sobre el pasado que dejó atrás al recibir a Jesús como el Señor de su vida y de cómo decidió creer en el llamado que Dios le había otorgado. Y un sábado por la noche, en medio de alguna de sus historias hizo una pausa y nos habló a su audiencia (no más de 10 adolescentes) de la manera más seria pero inspiradora: “Ustedes harán cosas más grandes y mejores que yo. Ustedes serán usados por Dios en maneras en que yo ni siquiera soñé. Porque así como Dios me amó, los ama a ustedes y les hará llegar lejos”. Dichas palabras las guardé en mi corazón y la esperanza que dio a mi pequeña biografía me dio motivos para intentarlo y comenzar a servir. 4 años después comencé a enseñar en los mismos salones donde antes recibí historias bíblicas y luego de más de 10 años, no pienso renunciar. Iván me enseño a creer en lo que Dios deseaba para mí según la Biblia. Iván inspiró mi vida para enseñar a las generaciones que vienen detrás de mí que pueden brillar para Dios y su causa. Iván me enseñó a través de conversaciones y no desde una plataforma frente a miles. Iván tenía una historia ordinaria que inspiró de manera extraordinaria mi vida. Su vida fue útil en mi historia.

Es genial que Dios nos ame y nos vea con tanto potencial para Su obra. No hay pasado, errores o pecado que pueda borrar esa definición que Dios tiene de nosotros. Dios quiere usarnos, donde estemos, ahora.

Somos útiles porque tenemos vida, porque tenemos una historia que contar para inspirar, fortalecer, empoderar y acompañar a otros (sea uno, sean mil), somos útiles porque Dios colocó talentos y pasiones muy dentro de nuestro corazón y que le da a nuestra alma esa necesidad de no vivir solo para nosotros mismos. Somos útiles porque el plan de Dios siempre ha sido que vivamos acompañados, y mientras exista comunidad, siempre habrá necesidad de tu esencia.

Dios desea recordarnos que somos Su obra maestra (Efesios 2:10) y que no hay excusa válida para renunciar a nuestro llamado y propósito. La Biblia habla innumerables veces de cómo Dios siempre ha empoderado al dispuesto, al diligente, al que aún sin saber el cómo, sabía por qué debía obedecer el llamado de Dios.  Y así, nuestro Dios se ha mostrado a través de los siglos como el que inspira, provee, otorga oportunidades, hace milagros y provee de comunidades, líderes para que cumplamos con ser “Sus manos y pies”. No hay excusa válida para el hijo de Dios cuando de servir se trata.

Dios quiere usar nuestra historia, nuestras palabras, nuestras manos y pies, nuestros abrazos e incluso sonrisas para bendecir a otros y enseñarle a este mundo confundido que aún hay esperanza. Dios quiere usar nuestros más locos sueños, Dios quiere usar nuestra carrera profesional, nuestros hobbies, y emprendimientos para hacer de este lugar un mundo mejor. No hay nada inútil si se trata de amar a Dios y al prójimo con todo lo que somos.

Dios me hizo útil. Dios te hizo útil. Ese es nuestro llamado, es eterno y es irrenunciable. Y eso, es genial.

Fotografía del portafolio Flickr de ianqui, foto usada bajo licencia Creative Commons