¿De qué estamos hablando?

Tanto…

Si alguna vez fuiste a una “escuelita dominical” de niño, podrás identificarte con lo siguiente: Aparte de cantar los famosos “coritos”, poner atención a los tan valientes profesores que buscaban explicarte la lección de la semana (para mí los niños son una de las audiencias más difíciles), quizás resolver una hoja de actividades; existía una cuota de tiempo dedicada a memorizar versículos. Realmente unas veces esto representaba un reto, sobretodo cuando en la mayoría de Iglesias se usa la tradicional versión RVR60. Para ser sincero, creo que esta dinámica me permitió memorizar gran parte de los versículos que sé. Y uno de esos versículos, quizás de los más conocidos es Juan 3:16, infaltable en un mensaje evangelístico, en una charla sobre salvación, en el recuerdo de cómo llegamos a Jesús. Prácticamente todas las versiones mantienen la misma frase que externó Jesús al sabio Nicodemo, “Porque de tal manera amó Dios al mundo…”

“De tal manera…”, pienso en esta frase y me pregunto si podríamos definir la amplitud del “tanto”, de la “tal manera” porque realmente no puedo comprender el amor de Dios desde mis límites humanos, la mejor de mis definiciones se quedan cortas ante la gracia de Dios.

Soy de naturaleza pecadora, como todos los que leen estas líneas. Soy de naturaleza egoísta como todo el mundo. Le he fallado a Dios incontables veces y realmente día a día  es una batalla contra mi egocentrismo, con renunciar a ese “viejo hombre” que quiere ocupar el lugar que Dios tomó al hacerme su hijo. Soy alguien que no es más que un humano ocupando un espacio de tiempo en esta eternidad. No hay en mí algo realmente extraordinario como para merecer que el dueño del Universo se ocupe de mi vida y le de un propósito único y especial. Si el amor de Dios fuese humano, probablemente ya se nos hubiesen acabado las oportunidades de ser perdonados, de un segundo chance para continuar.

“De tal manera amó a Dios al mundo…”, quizás el amor de Dios no tiene amplitud porque es incondicional y sin límites, quizás lo único que puedo hacer ante la Majestad de Su Gracia y pasión por nosotros es rendirnos ante Él, dejar nuestro orgullo en el suelo y ser amado, perdonado, bendecido, alcanzado, liberado y dirigido en su camino, en su propósito, en el viaje a casa.

Porque tanto es su amor quien encontró en mí una herramienta que pueda usar. Porque tanto es su amor que yo siendo pecador, fui llamado a ocupar un lugar de su familia. Porque tanto es su amor que aún en mis cadenas, encontré libertad y paz para avanzar, para crecer, para continuar. Porque tanto es su amor que aunque falle, siempre estará presente para encausarme por donde realmente debo ir. Porque de tal manera es su amor que aún cuando encuentro limitaciones y escasez en mis sueños, Su gracia me permite cumplirlos. Porque tanto es su amor que no se detiene conmigo. Porque tanto es su amor que en una cruz entregó a su hijo como sacrificio de nuestros pecados y males. Porque tanto amó Dios a sus hijos que en Su Resurrección fundó la esperanza de que fuimos hechos para hacer cosas más allá de nuestra comodidad.

“Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su único Hijo, para que todo el que crea en él no se pierda, sino que tenga vida eterna…”.

Tanto amor, tan necesitado, tan inmerecido. Amor perfecto, tan de Dios.