¿De qué estamos hablando?

Tsade – [צ]

Todos tenemos esa necesidad de confiar en algo o alguien. Es parte de nuestra humanidad, es una necesidad de identidad, de validación, de plenitud.

¿Nos basta con confiar en nosotros mismos? El hombre tiene una fuerza interna que si es bien trabajada con la disciplina y la perseverancia puede superar barreras para muchos imposibles. Los grandes descubrimientos que han aparecido siglo tras siglo confirman que en efecto, hemos sido provistos de talentos y capacidades asombrosas. Sin embargo, así como brillamos, también escondemos defectos e inseguridades, pecados, pasado, que nos debilita, que nos pueden acercar a la incertidumbre, a las dudas y al temor. Todo hombre y mujer flaquea al encontrarse desprovisto de aquello que necesita y que no puede encontrar en sí mismo.

¿Podríamos depositar nuestra confianza en los demás? El ser humano es en sí un ser relacional. Tribus, comunidades, sociedades o como le quieras llamar, existen con el fin de que tengamos espacios y ambientes que a través de las conexiones de unos con otros podamos crecer y desarrollarnos, construyendo confianza. Por otra parte en los demás encontramos validación, recurso necesario pero a la vez peligroso, que si es mal utilizado alimenta nuestro ego pero no nuestros propósitos. Y por otro lado, esta validación resulta escasa en un mundo cada vez más egoísta y ensimismado. Por tanto, solo confiar en los demás no es garantía de construir una identidad sana.

¿Podríamos construir nuestra confianza en lo que tenemos? Muchos deciden este camino, pero al final de la vida, ¿Qué dicha tiene esto? ¿Qué te llevas en el último respiro? Nada. Y así como hoy tenemos, mañana nos puede faltar, por lo que depositar tu confianza e identidad en lo material al final no soluciona nada.

Al parecer entonces, todo lo que nuestros ojos ven es imperfecto y no garantiza al hombre la plenitud en la vida. ¿En quién confiar entonces?

Para una identidad fuera de este mundo, necesitamos una validación fuera de este mundo, sobrenatural. Y esta solo la podemos encontrar definida en Dios. Nosotros nos vamos a fallar y aún la gente que amas también es probable que lo haga. Lo material no es garantía de una vida plena, más el actuar bajo lo que Dios desea que vivamos sí es correcto.

Su Palabra, sus promesas y sus planes van más allá de nuestra humanidad. Su obra y sus mandatos son indispensables para estar listos a su encuentro. Su provisión material y espiritual es perfecta, es justa, es lo que debe ser.

Es por eso que cuando alguien encuentra su vida definida en Dios, cuando alguien renuncia a su egocentrismo para dar lugar a que Dios sea el centro, el quien tome el mando; el temor se reduce, las inseguridades van desapareciendo conforme más confiamos en Él y podemos actuar en paz porque sabemos que no hay nada equivocado, que cada vez que nuestra vida da pasos concretos dentro de Su Amor, todo es válido y perfecto.

El apartado Tsade es una invitación a confiar en que la Palabra de Dios tiene las respuestas correctas a nuestra vida. El mundo nos ofrece muchos “caminos” hacia la búsqueda de nuestro destino, pero al ser probados y evaluados, solo la Palabra de Dios sigue manteniendo su esencia, su fundamento, su certeza.

El mundo es imperfecto y nosotros también, pero Dios y sus promesas son fieles y sin duda alguna nos llevarán a donde realmente debemos llegar. Podemos confiar.

“Oh Señor, tú eres recto, y tus ordenanzas son justas. Tus leyes son perfectas y absolutamente confiables. La indignación me agobia, porque mis enemigos despreciaron tus palabras. Tus promesas fueron sometidas a una prueba rigurosa; por eso las amo tanto. Soy insignificante y despreciado, pero no olvido tus mandamientos. Tu justicia es eterna, y tus enseñanzas son totalmente ciertas. Cuando la presión y el estrés se me vienen encima, yo encuentro alegría en tus mandatos. Tus leyes siempre tienen razón; ayúdame a entenderlas para poder vivir.” (Salmos 119:137-144 NTV)