¿De qué estamos hablando?

Yod – [ י ]

Hace tiempo en una película escuché que las fotografías (donde generalmente sales feliz, celebrando) son como los destinos de la vida, pero que no tienen la capacidad para contar lo que se vivió en el proceso, procesos que muchas veces van acompañados de notas difíciles, dolorosas, de mucha disciplina (adquirida u obligada) para llegar a ser quien eres hoy.

Quizás lees esto y eres cristiano de hace un buen tiempo ya. Quizás eres reconocido como alguien que disfruta la vida y que siempre trata de brindar amor a los que están a su alrededor. Quizás eres alguien que siempre sonríe. Pero detrás de tu biografía, de los momentos felices que la gente recuerda a tu lado, detrás de tu sonrisa, puede que hayan momentos grises y fríos.

Pero en medio de las tormentas de la vida, decidiste algo. Ser derrotado por el amor de Dios, declararte dependiente de su Gracia y aunque sin tener todas las respuestas a la vida, ahora vives con fe. Decidiste creer en una salvación invisible, una salvación a una vida egoísta y orgullosa, una salvación que promete una eternidad… cuyas bases puedes vivir desde ya.

Las decisiones que tomas como cristiano día a día, encuentre su definición en lo que Dios nos cuenta en Su Palabra. El mundo notará la diferencia cuando esas Palabras más allá de conocerlas o de tomarlas en la rutina, las vivimos. Cuando vivimos la Palabra de Dios, estamos presentando a Jesús.  Las prácticas devocionales para tu vida cristiana son de gran beneficio como la oración, el ayuno y el servicio; compartir nuestra fe en comunidad seguramente nos dará aliento en cada etapa de nuestra vida, pero leer Su Palabra, conocer sus mandamientos pero sobretodo vivir Sus deseos es lo que hace un antes y después en nosotros.

Hoy es un buen tiempo para comenzar a amar la voz de tu Creador. Decidir esto, provocará que conocer Su Palabra, la ubicación de los versículos y las historias no sea suficiente. Vas a tener ese deseo de querer vivir lo que los libros de la Biblia te cuentan. Y vivir de esa manera, no tiene comparación.

“Tú me hiciste; me creaste. Ahora dame la sensatez de seguir tus mandatos. Que todos los que te temen encuentren en mí un motivo de alegría, porque he puesto mi esperanza en tu palabra. Señor, sé que tus ordenanzas son justas; me disciplinaste porque lo necesitaba. Ahora deja que tu amor inagotable me consuele, tal como le prometiste a este siervo tuyo. Rodéame con tus tiernas misericordias para que viva, porque tus enseñanzas son mi deleite. Trae deshonra sobre los arrogantes que mintieron sobre mí; mientras tanto, me concentraré en tus mandamientos. Permite que esté unido a todos los que te temen, los que conocen tus leyes. Que sea intachable en guardar tus decretos; entonces nunca seré avergonzado.” – Salmo 119:73-80.