¿De qué estamos hablando?

Zain – [ ז ]

La primera Biblia que tuve me la regaló mi papá en el año 1995. En ese entonces tenía 8 años y mi familia no asistía a ninguna congregación. Con mis 4 hermanos recibíamos clases en un colegio de sacerdotes benedictinos y a causa de ello, se celebraba una misa cada primer domingo del mes para los alumnos. En un determinado mes, mi aula fue seleccionada para presentar las ofrendas, una parte de la misa en donde se presenta, pan, frutas, uvas entre otras cosas y también… una Biblia.

Como en casa solo había una Biblia, una Reina Valera traducción Antigua que mi mamá guardaba de hace años; decidieron que mejor se compraba una nueva. Después de esa misa, no la volví a usar hasta que al año siguiente, en una serie de sucesos y crisis en mi familia, mi mamá decidió congregarse a una iglesia cristiana, a la cual pertenezco desde entonces. Fue ahí, en mis años de escuela dominical donde me enseñaron la utilidad y vida que existe en la Biblia, y que más allá de ser una colección de cartas y libros antiguos es la Palabra de Dios, que me ha transformado hasta el día de hoy.

Recordé a mi primera Biblia en estas líneas porque fue donde en mi temprana adolescencia, decidí leer el libro de Salmos. No seguí un plan o una guía específica pero cada día, antes de dormir, leía un Salmo.  De alguna manera el contacto directo con la historia y el mensaje de Dios dio una enseñanza en mí que no pude encontrar en la voz de ningún líder, pastor o mentor. Desde ese entonces, creo que la forma más íntima de escuchar la Voz de Dios, es a través de la lectura constante y estudio de este maravilloso libro. Y que cada oportunidad que tengo de escuchar a más personas, líderes y comunidades discutiendo, aprendiendo y aplicando los preceptos de ella, es una bendición que no puedo dejar de lado.

La Biblia guarda dentro de sus poemas, cartas e historias, dos temas frecuentes: Promesas y Mandamientos; temas que nacieron para ser expuestos juntos. Las promesas de Dios en la Biblia son dadas por Gracia, por amor, por el pacto que tiene para con sus hijos y también, las promesas son consecuencias de los mandamientos que la Biblia nos describe.

Los mandamientos entonces, tienen una función principal, acercarnos al carácter de Dios; haciéndolo evidente en cada decisión y pensamiento que realizamos a lo largo de nuestra vida. Al esforzarnos por imitar el carácter de Cristo, nos acercará a las bendiciones y promesas que habla la Biblia, no porque lo merezcamos (porque esta historia de amor no tiene definición en los méritos), sino porque como en toda relación de amor, hemos decidido hacerlo por honrar nuestra amistad con Dios, por el amor que le tenemos, amor que correspondemos, porque no hay otra razón.

La disyuntiva que encuentro, es que como cualquier persona, nos es más fácil concentrarnos en la promesa que en el mandamiento. Preferimos ir a los pasajes de la Biblia que nos describen la gracia y el amor de Dios proveedor, pero evitamos los capítulos que nos llevan a tomar decisiones que honren a Dios, que representan un sacrificio de parte nuestra por acercarnos a Dios, a su imagen, a su plan y propósito.

El apartado Zain del Salmo 119, me recuerda que las promesas y mandamientos no aparecen separados en la Biblia, van de la mano, porque uno complementa al otro; porque en la obediencia conoces el valor de la promesa. El salmista inicia recordándole a Dios que Sus promesas le mantienen con vida, le dan esperanza; pues esa es su función. Creo en la promesa de la gracia y salvación de Dios, creo que mi vida ahora, es solo una parte de la eternidad y que al final de mis días en la Tierra me uniré a una multitud que adorará el nombre de Dios sin cesar. Creo en la provisión sobrenatural de Dios, en los dones regalados y en lo que puedo alcanzar para Él. Creo en sus promesas, pues me dan esperanza en los días grises y me permiten creer que Dios me acompaña siempre.

Y también creo en el valor de los mandamientos: la razón de la esperanza del salmista no fueron solo las promesas, sino los mandamientos de Dios, (sus decretos, sus ordenanzas según la traducción de la Biblia que estés leyendo). El escritor exponía en los versículos 52-54, que en ellas encontraba consuelo y la razón de sus canciones, el simple hecho de que Dios nos diera instrucciones para cómo vivir la vida es una muestra de Su gran amor, pues tenemos dirección para evitar vivir en dirección contraria a Su voluntad.

Dios me ama, me lo dicen Sus promesas y también, sus mandamientos. Y eso… es bueno saberlo.

“Zain: 49Recuerda la promesa que me hiciste; es mi única esperanza. 50Tu promesa renueva mis fuerzas; me consuela en todas mis dificultades. 51Los orgullosos me tratan con un desprecio total, pero yo no me aparto de tus enseñanzas. 52Medito en tus antiguas ordenanzas; oh Señor, ellas me consuelan. 53Me pongo furioso con los perversos, porque rechazan tus enseñanzas. 54Tus decretos han sido el tema de mis canciones en todos los lugares donde he vivido. 55De noche reflexiono sobre quién eres, Señor; por lo tanto, obedezco tus enseñanzas. 56Así paso mis días:obedeciendo tus mandamientos.” – Salmo 119:49-56 NTV